Armarte: mujeres oaxaqueñas pegan grabados en las calles el #8M

 

Sus armas son el arte y el amor; su mensaje es la equidad e igualdad para las otras artistas oaxaqueñas, las amas de casa, campesinas, profesionistas y trabajadoras que no han podido vivir de la pintura; su canal: las paredes de Oaxaca de Juárez, donde pegaron sus grabados de protesta, este 8 de marzo (8M).

 

Artistas del colectivo Armarte salieron de la Fuente de las 8 regiones en la Ciudad de Oaxaca, junto con mujeres triquis, después de las 9 de la mañana. Ni los ya cotidianos bloqueos (ajenos a la causa feminista y de género), ni la temprana hora de convocatoria las retrasaron.

 

Ellas y sus aliados pegaron el arte de protesta en paredes y muros, mediante simbolismos oaxaqueños de lo que las artistas quieren expresar este Día Internacional de la Mujer.

 

Reivindicando a la mujer trabajadora oaxaqueña

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Su viaje no empezó la mañana del 8 de marzo. Desde inicios del año, Celeste Santiago y sus compañeras emitieron una convocatoria dirigida a todas las mujeres, sobre todo aquellas que no han generado ganancias económicas de las artes visuales, pero también les apasionan.

“Al principio la mayoría eran compañeras del colectivo Armarte. Hace un año, Armarte empieza a salir con más personas que no fueran del colectivo, con mamás, estudiantes y otras mujeres que quisieran apoyar en la marcha”, dijo Celeste en la fuente de las 8 regiones, antes de empezar la primera marcha del 8M en las calles de la capital oaxaqueña.

 

La artista explicó que el alma de su colectivo es reivindicar los derechos de la mujer obrera, campesina, proletaria y profesionista.

 

“Éste es el primer año que se sale con gráficas de artistas dedicadas al grabado, pero a partir de una convocatoria que se llama ‘Ellas las que luchan’, creo que el nombre es como muy identitario, porque llama no sólo a mujeres de cierto grupo, sino a distintas mujeres de diferentes oficios y ocupaciones”, explicó Celeste, previo a las pegas de los grabados.

 

Añadió que el colectivo se adhiere a las movilizaciones que abren espacios para pegar sus grabados a las otras artistas. Ellas, a las que se refiere Celeste, no están en las estadísticas oficiales que reconocen a dos mil 585 mujeres en el país, como pintoras, dibujantes y escultoras, frente a tres mil 730 hombres en las mismas artes, de acuerdo con el Instituto Nacional Estadística Geográfica e Informática (Inegi).

 

Madres y sus desparecidos

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Una tehuana que busca a su hijo desparecido, mujeres atrapadas en un monopolio de una empresa que genera ganancias de las pruebas de ADN de sus posibles hijos desparecidos, jóvenes que demandan su derecho a caminar libremente, son algunas de las realidades que retratan los grabados de 24 artistas que participaron.

 

Las imágenes se aprecian, por ahora hasta que las autoridades las remuevan, en la calzada Porfirio Díaz, Pino Suárez, Morelos y García Vigil por donde paso la primera de las marchas que se realizaron este 8M.

 

“Mi trabajo es en memoria de la lucha de las madres que buscan a sus hijos desparecidos en diversos estados. También trata un poco del tráfico que se ha hecho del ADN de estos desaparecidos, en donde una sola empresa administra el ADN de los desparecidos de 32 estados”, contó la maestra Norma Aguilar.

 

Y no fue la única que retrató la realidad de estas mamás, también Vianney Acevedo se inspiró en estas mujeres, al retomar un grabado que hizo para el 10 de mayo de una tehuana que, con su mano derecha sostiene la imagen de su hijo desaparecido: Bruno Avendaño Martínez, mientras con la izquierda señala hacia abajo, portando su traje con orgullo.

 

“Yo no tenía conocimiento, en ese momento cuando hacía la obra, que esta persona (Bruno) es hermano de un artista istmeño, Lucas Avendaño. De alguna manera, yo me sumo también a esa búsqueda”, expresó Vianney.

 

La marcha y las pegas terminaron en García Vigil. Las segundas acabaron así su protesta, mientras las mujeres triquis terminaron tomando el micrófono en el Zócalo para exigir escuelas, trabajo, hospitales, y no militares.

 

Texto y fotos: Amallely Morales

 

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