A 62 años del voto, las mujeres en la cuesta

#Oaxaca 17 oct (#Istmopress) Angélica Cancino Martínez, originaria de Chiapas, pero que vive en Ciudad Ixtepec, Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, desde 1956, analiza a sus 83 años los avances de las mujeres en la política. Se trata de una investigación realizada por Soledad Jarquín para SemMéxico, donde reúne el testimonio de tres mujeres en su paso por la política.

El 17 de octubre de 1953, al publicarse la aprobación de la reforma constitucional del artículo 34 de la Carta Magna, las mexicanas adquirieron la ciudadanía y con ello el derecho a votar, ser votadas y a ocupar un cargo dentro de la administración pública.

Los diarios de aquel entonces auguraban un cambio en el panorama político nacional, eran los tiempos en que este país era gobernado por el presidente Adolfo Ruiz Cortines (1889-1973), quien se había comprometido desde su campaña política a hacer realidad este viejo sueño por el que muchas mujeres habían estado pugnando desde el nacimiento de la nación mexicana.

A 62 años de aquel suceso que llevó a las mexicanas a las urnas dos años después y a iniciar el que ha sido un camino pausado y difícil, una cuesta, para quienes determinaron incursionar por el camino de la vida pública, Luz María González Esperón, Angélica Cancino Martínez y María del Socorro Castillejos del Pino rememoran su ascenso a la ciudadanía sin ser políticas.

Luz María González Esperón, es escritora, una cronista de la capital oaxaqueña donde nació un 16 de noviembre de 1930. Tenía 25 años cuando votó por primera vez en una casilla instalada en las céntricas calles de la ciudad de Oaxaca y desde entonces nunca ha dejado de participar en los procesos electorales.

Yo sabía, explica, que el voto estaba casi listo cuando Lázaro Cárdenas era presidente, pero no cuajó sino hasta 1953 con Ruiz Cortines y aquel día cuando fui a votar por primera vez yo me sentía feliz, sabía que era una gran cosa, sostiene con un cierto aire de alegría en sus palabras, que la llevan a recordar también aquel día fue a votar acompañada de su papá, Serafín González.

Al igual que la obtención de la ciudadanía para las mujeres, González Esperón considera que la Paridad, sesenta años después, fue un avance muy importante en la larga lucha de las mujeres, pero reconoce que a veces las políticas le han decepcionado, cuando llegan a diputadas no se acuerdan de las otras mujeres y seguimos viendo condiciones muy desfavorables.

Siempre he dicho que las leyes fueron hecha por hombres y están hechas para ellos, dice esta mujer sin considerar que su aseveración podría ser un claro precepto de género, luego agrega que legislaturas van y vienen, cada vez con mayor presencia de mujeres pero pocas acciones legislativas que realmente cambien la condición de las mexicanas, pese a que muchas veces las promesas de campaña están basadas en mejoras para la vida de las ciudadanas.

La autora de varios libros de historia de Oaxaca, entre ellos su más reciente publicación, la Trilogía de Esposas Inolvidables, donde rememora la vida de las compañeras de tres gobernantes oaxaqueños Amalia Alfaro, María Robledo y María Luisa de la Peña, dice que lo que más le molesta de las políticas es que actúen como los hombres, caen en los mismos vicios y en todo lo que a ellos les hemos criticado.

Con el tiempo, agrega, los procesos electorales han mejorado, pero no dejan de pasar chanchuyos que alteran el rumbo de las votaciones, porque aclara que la ciudadanía más que elegir vota por aquellas personas que ya antes han elegido los partidos políticos.

Hay mujeres bien preparadas para gobernar México

En tanto Angélica Cancino Martínez, quien nació en Tapachula, Chiapas, pero que vive en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, desde 1956, es una asidua lectora que disfruta de su vida en Ixtepec, Oaxaca, analiza a sus 83 años los avances de las mujeres en la política.

No tiene en su memoria con toda precisión aquella primera vez que fue a votar en su natal Tapachula, pero lo que sí tiene claro es que entonces hubo un gran revuelo social por la publicación de las reformas que reconocían a las mexicanas como ciudadanas, y lo tiene bien presente porque fue en 1953 cuando se casó.

Entonces llegabas a la casilla, dabas tu nombre y firmabas, quizá incluso ponías tu huella, dice en referencia a que en aquel entonces no había credenciales para votar. Para aquellos años, sostiene, eran pocas las mujeres que íbamos a votar, con el tiempo hemos ido adquiriendo consciencia de la importancia del voto, de lo muy importante que es, sobre todo si hacemos caso al dicho ese que sostiene que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen y si no votamos dejamos en manos de los otros las decisiones.

Cansino Martínez afirma que la paridad en política es otro gran avance, porque en México hay muchas mujeres y muy bien preparadas, incluso más que muchos hombres y listas para ser gobernantes.

Lectora de diarios y libros, doña Angélica Cansino no deja de estar pendiente de los acontecimientos del mundo, “ayer estuve viendo el debate entre los precandidatos demócratas de Estados Unidos, yo creo que la mejor es la señora Hilary Clinton, sería bueno que ese país fuera gobernado por una mujer”, sostiene.

Luego afirma que en México hay muy buenos prospectos para gobernar la Nación, “a mi me gusta mucho Patricia Mercado, es una mujer muy bien preparada para gobernar México”.

Como Luz María González Esperón, Angélica Cansino Martínez opina que sin embargo las mujeres que aspiran a gobernar deben tener consciencia de lo que ocurre con el resto de las mujeres y también dice que alguna vez votó por una presidenta municipal en Ixtepec, y ganó, lo malo es que salió muy mala como munícipe.

Pero así son las cosas, hay que seguir avanzando, algunas serán buenas y otras no lo serán tanto.

Buen servicio y mal pago

María del Socorro Castillejos del Pino, quien nació en la capital de Chiapas, ha estado siempre muy cerca de líderes priistas y gobernadores, pero el poder no ha sido nunca de ella y menos los bienes que en muchos servidores públicos tienen abundantes resultados. Aunque es contadora privada de profesión, desde los años sesenta ha sido secretaria.

Desde muy joven estuvo involucrada en diversas actividades del Partido Revolucionario Institucional (PRI) dentro de un grupo de mujeres, que para entonces ya gozaban de la ciudadanía otorgada en 1953.

En los años sesenta, incluso, siendo muy joven fue directora del sector femenil de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares y más tarde en 1962, por dedazo, reconoce, fue nombrada regidora del Cabildo de Tuxtla Gutiérrez, por el sector campesino.

Pero el destino le daría una vuelta a su vida y a la que prometía una carrera política, cuando en 1964 se convierte en la secretaria del entonces presidente del PRI en esa ciudad, Rafael Gamboa Cano, con quien se quedó a lo largo de mucho tiempo y lo siguió a petición del mismo político durante su gestión como dirigente del PRI en el Distrito Federal.

Entonces dice, con Gustavo Díaz Ordaz los cargos sí duraban seis años, cuando llegó Luis Echeverría los políticos se dormían con el cargo pero a veces despertaban sin sus puestos.

Orgullosa muestra su charola como secretaria privada del Presidente del Comité Directivo del PRI en el Distrito Federal, expedida en febrero de 1966, posición en la que permaneció durante largo tiempo y llegó incluso a las grandes ligas del PRI Nacional donde recuerda los liderazgos de mujeres como Hilda Anderson una destacada dirigente de la Confederación de Trabajadores de México; a Ofelia Castilla, en la CNOP y a Martha Andrade del Rosal, en el PRI del DF.

Aunque Coquito, como se conoce cariñosamente a María del Socorro Castillejos del Pino, no recuerda con exactitud como fueron aquellos años cuando se reconoció la ciudadanía de las mujeres, expone que entonces ellas militaban en el tricolor pero no ocupaban grandes cargos, aunque siempre han sido una gran mayoría de las militantes y por tanto votantes de su partido.

Entonces era difícil que las mujeres destacaran en política, el ambiente era de puros hombres y poco a poco empezaron a surgir algunos liderazgos de mujeres, pero todo eso ocurrió ya mucho tiempo después, refiere.

Ahora, es verdad, hay muchas mujeres en política, pero no todas resultan buenas políticas, igual que como sucede con los hombres, “diría que son malos tiempos para hacer política para las mujeres, por el desgaste que existe, por los intereses que ahora persiguen que no siempre son los de la gente”.

Coquito vivió en la capital del país y por su escritorio circularon muchos hombres y también mujeres que hoy serían los viejos de la política, incluso durante su trabajo ahora fortuitamente ha colaborado con hijos de algunos de esos políticos. Desde 1986 reside en Oaxaca, fue secretaria del ex gobernador Heladio Ramírez López y terminó con él la gestión de seis años.

A diferencia de muchos colaboradores del ex mandatario, Coquito renta una casa, porque nadie le ayudó a tener una casa propia de interés social, y a sus 73 años de edad sigue trabajando cada día en las oficinas de gobierno, sin que le reconozcan sus años de servicio, por lo que ve lejana la posibilidad de una jubilación.

 

Escrito por Soledad Jarquín Edgar publicado el 15 de octubre de 2015 en SemMexico.org

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