Unión Hidalgo celebra XXIII aniversario de la fundación de su casa de la cultura | Víctor Fuentes

Con un ensamble (Marimba, contrabajo y saxofón) y lectura de poemas en zapoteco por niños de la escuela primaria Hermanos Flores Magón, se celebra los inicios de la Casa de la cultura de Unión Hidalgo, el pasado 11 de febrero del año 2019.

La casa de cultura cumplió 23 años de su fundación, aunque habría que recordar su origen como Casa del pueblo, que duró dos trienios: la de Florentino Ruiz Fuentes y Pedro Matus Luis. Luego con el  mandato del doctor Carlos Sánchez Ruiz y la dirección de la Casa de la cultura dirigido por el maestro Martin Fuentes, quien inició  sus labores desde los dos trienios mencionados como director de la Casa del pueblo.

Dirección que siguió acopando el maestro, una vez iniciado el trienio 1996-1998. Ya con el edificio que alberga la Casa de la cultura como tal.  

A lo largo de estas dos décadas y años, podemos apreciar esta celebración con una calenda y un acto cultural, a cargo de la dirección de cultura y la de educación, por aparte el propio doctor Cesar Carrasco Vicente, actual presidente municipal constitucional, ofreció las palabras de bienvenida al acto.

Quienes esto organizaron, invitaron al doctor Carlos Sánchez Ruiz, con la finalidad de escuchar su  testimonio, y al mismo tiempo, agradecerle su visión y desempeño para la edificación y funcionamiento de la Casa de la cultura en su momento.

Para homenajearlo se le entregó un reconocimiento, por esa invaluable designación, que el mismo, expresó ante los asistentes: “Con la creación de este edificio se abrió las puertas del desarrollo cultural de los hijos de Unión Hidalgo, hace veintitrés años atrás”.  

Al paso del tiempo podemos ser testigos, quienes  habitamos en la comunidad, cómo este recito se ha encargado de organizar la formación de una banda infantil, ser sede de algunos programas que han tenido fines concretos, la de ofrecer esparcimiento entre los pobladores. De esa manera cumplir con alguna encomienda.  

Podemos ser testigos de su desempeño, como ejes culturales para la comunidad, poco se ha hecho para explotar al máximo su encomienda y fines para lo que fue creada. Y el poco acercamiento de sus actividades para la vida participativa de la comunidad.

Los directores de la Casa de la cultura, a quienes se ha encargado trienio a trienio, han centralizado sus recursos y no se han empeñado en acercar a los habitantes, de una excelente alternativa para despertar sus gustos, interés y desarrollo estético.

De lo poco, pero muy valioso son las vitrinas que albergan restos de la arqueología, localizadas y halladas en la propia comunidad, estas piezas pueden ser resguardadas, protegidas y mostradas a las generaciones de niños y jóvenes de la población, para su enriquecimiento cultural, quizás con ellos, despierte su curiosidad y revaloración hacia su origen zapoteca.

Por otra vía, se podría gestionar para estas piezas una sala o museo que dé cuenta de su aporte histórico, que impulse la investigación y fomente la nueva búsqueda de piezas, en los sitios identificados como zona de recolección. 

Así, toda celebración por la Casa de la cultura, sea una fiesta común, de participación de un amplio sector, para ello, se requiere un trabajo colaborativo, de suma de relaciones y voluntad de servir,  una política de cambios reales, que marque una nueva etapa en la vida cultural de los ciudadanos. Trabajo que haga sentir que la casa de la cultura es parte  de lo nuestro y que es un reflejo de nosotros mismos.

Víctor Fuentes

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