Un ramo de albahaca / Víctor Fuentes

Desde que supe que vendríamos a esta casa de saberes llamada digna y honrosamente Ta Adolfo C. Gurrión, mi menté tropezó con uno de los textos míticos de su autoría que leí hace ya algún buen rato en una edición Toledo, en facsímil de la revista Neza. Llamó mi atención la leyenda de Xtagabe’ñe y Mudubina, que en la imposibilidad de amarse los llevó extender sus dominios sobre la laguna Biauido’ al florecer uno de día y la otra al entrar la noche. Así por siempre.

Pensé también con urgencia en el discurso pronunciado por Lorca, a propósito de la inauguración de una biblioteca, de su pueblo natal, de Fuente Vaqueros (Granada) en 1931. El discurso hacía alusión  de la necesidad de pensar en los libros como una reivindicación de las necesidades apremiantes, antes que hambre aplacada, el Estado debe pensar en  cultura. Como benéfico de todos.  Como goce para todos nosotros. Pensar en los libros y en las bibliotecas como complemento de la vida, de ahí  su convincente y además vigente título: “Medio pan y un libro”.

Después de sorprenderme, ante la evocación a Lorca. Me interesó saber quién fue Ta Adolfo, así supe de su provisoría mirada y profundidad de su deseo de que el istmo, nuestra tierra fuese  territorio autónomo, es decir, que todo cuanto tenemos en ella, en los cielos y en la oquedad de la tierra, el aire y los mares son solo nuestro y nosotros debemos decidir qué hacer sobre ella o  ella decidir por nosotros. De nuevo encuentro  esencia de lo que Federico García Lorca, pedía en su discurso. Siempre ecuánimes.

Este pensamiento late ahora más que urgente, pareciera tan solo unos días apenas lo pensara Ta Adolfo, o Lorca. En estos días que está en riesgo no solo muestra decisión por la tierra, el aire o el mar o el cielo, sino la integridad de nuestras vidas y la vida de toda criatura en el mundo.

De nuevo hermanos. Tenemos a invasores, despojadores, y gente inescrupulosa, personas más vergonzosas solo que ya no son los extraños sino nuestra propia gente, por eso, ahora que abrimos esta nueva casa de los saberes, he venido con la más completa, la más  exacta felicidad a su entrega.

Siento que cargo un manojo de aromáticas, y la savia esencia de la albahaca, para que niños, ustedes los maestros y  padres disfruten. Esta aromática albahaca que nace de mi placentero corazón, les traigo entonces el placer de encontrar este lugar repleto no solo de los libros, sino de criaturas hambrientas de viajar, imaginar y respirar hondo el olor de  albahaca. Ténganlo en cuenta el aroma siempre los recibirá cada vez que penetren en este recinto, para traspasar otros mundos posibles. El mundo que soñamos, al lado de Ta Adolfo. Hijo privilegiado de Lauguidxi.

Creo también que él me da una encomienda para decirles que su lucha apenas está empezando al acercarnos a las letras, portadoras de alegría. Al inaugurar este rincón para albergar cultura, sea lugar ideal para que se reflexione, que es imprescindible seguir exigiéndole al gobierno corrupto, no solo justicia, sino un buen corazón  y que sepan amar los libros, la cultura, y organicen menos despojo de nuestros recursos naturales, que jamás ejerzan daño a la madre tierra y sus criaturas vivientes.

La biblioteca, lucia radiantes murales con los que el artista llamado Poetalatas, ambientó el recinto. Y ofrece una lectura distinta de la esencia local y nacional. Pocas veces se tiene esta alegría en las comunidades, en las zonas aledañas a la ciudad, que ocurra en esta escuela la apertura de una biblioteca, puedo decir, que la alegría lleva signos de admiración y satisfacción de los que en ella laboran, su director Luis Fernando Carrasco López, siempre presuroso, alentando el valor de los libros y si estos están escritos en Diidxazá, para él representan valor aún más preciado.

Al grado de conmover a los propios maestros, con quienes acogieron el proyecto con mucha responsabilidad.

Vengo con el mismo ímpetu de entregarles este ramo de albahacas, signos necesarios cuando deseamos buenos augurios entre la gente Zá, toda casa nueva necesita de albahaca para atraer a los visitantes, o ahuyentar los fantasmas, este ritual, me parece una excelente manera de pensar optimista, de pensar en los niños y ustedes cada vez que tomen un libro, que los haga ser gente pensante, creativa y de buenos proyectos, sí así fuera, el maestro, escritor y revolucionario Ta Adolfo C. Gurrión, nos lo agradecerá de manera infinita, para cerrar, le envío de manera urgente un telegrama amoroso desafiando aquellos enviados por los traidores y serviles para poder asesinarlo.

“Pido tranquilo beses tierra nosotros saber somos inmensamente felices”

Víctor Fuentes

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