La Cuarta Transformación y la Tercera Raíz

Por: Saúl Sánchez López

Acaba de concluir la primera etapa de las asambleas regionales para la nueva Ley de Derechos de los pueblos indígenas y afromexicanos, con la que se pretende consultar y dialogar con las comunidades sobre la propuesta de iniciativa de ley antes de su presentación al congreso de la unión. Esta reglamenta la reforma al artículo 2º de la constitución, acaecida en 2024, la cual, entre otras cosas, reconoce a estos pueblos como sujetos de derecho públicocon personalidad jurídica y patrimonio propio, incluyendo el reconocimiento pleno de los pueblos afromexicanos. Ya en 2019 la legislatura había impulsado una adición al apartado C del susodicho artículo —liderada por la senadora morenista Susana Harp— en virtud de la cual se reconoció por primera vez en la historia (!) a los pueblos y comunidades afromexicanas como parte integral de nuestra nación pluricultural.

Por increíble que parezca, esto acaba de ocurrir en pleno siglo XXI. Y no es el único hito de la afromexicanidad. Apenas en 2020 se incluyó a esta población en el censo del INEGI, resultando más de 2 millones de personas auotoadscritas, esto es, 2% de la población en aquel momento. Hasta hace poco, estos ciudadanos estaban completamente subsumidos en el paradigma del mestizaje, no teniendo de otra más que asimilarse o bien como indígenas o bien como mestizos. Siendo que han formado parte de la nación desde la colonia, cuando fueron traídos a la fuerza como esclavos para trabajar en la minería, la ganadería, las plantaciones de caña de azúcar y los servicios domésticos. Puesto que su población quedó restringida y,hasta cierto punto, “aislada” geográficamente en zonas muy específicas, como la Costa Chica de Oaxaca y Guerrero, su presencia pasó desapercibida y su existencia fue negada y borrada de la historia de nuestro país, a pesar de que hubohéroes nacionales afrodescendientes, tales como Vicente Guerrero y José María Morelos y Pavón.

Desde entonces, los afromexicanos habían sido sistemática e indefectiblemente invisibilizados, sin ningún tipo de representación, ni política ni mediática. De hecho, no es raro que aún hoy en día haya mexicanos que ignoren su existencia o de plano los confundan con extranjeros.

Así que el reconocimiento oficial de su existencia, no solo como ciudadanos, sino como pueblo y, sobre todo, como sujetos autónomos es un primer paso en la dirección correcta. Otra cosa es el problema conceptual de cuál es el mejor término para referirse a ellos, si “afromexicanos”, “afrodescendientes” —de manufactura más bien académica— o simple y sencillamente “negros”, de uso habitual en estas poblaciones y que, lejos de ser despectivo, ha sido resignificado con orgullo. Del mismo modo, habrá que abordar eventualmente la siempre compleja cuestión de la autoadscripción y los casos de usurpación identitaria que ya se han presentado.

Por último, pero no menos importante, hay que mencionar la creación de la Afrouniversidad (Politécnica Intercultural),ubicada precisamente en la Costa Chica de Oaxaca, en una localidad (Santa María Cortijo) caracterizada, como la mayoría de las comunidades afro, por problemas estructurales: pobreza, desigualdad, marginación, brechas de acceso a la salud, racismo sistémico y discriminación interseccional. Esta fue fundada en el tramo final del gobierno de López Obrador como parte de sus compromisos de justicia social con las comunidades, con la idea de que sirviera como motor de transformación política, económica y social de la región. Sin dejar de señalar que ya era una demanda popular emanada de las organizaciones y movimientos afro.

Las asambleas, la reforma, el censo, la universidad… es claro que son avances absolutamente fundamentales, pero todavía insuficientes. Habrá que ir más allá. Es necesario primero que nada crear conciencia sobre la afromexicanidada escala nacional y arrancar de tajo todas las formas de racismo que aún permean en nuestra sociedad, incluso al interior de las propias comunidades afro. Paralelamente, el progreso económico es de una importancia estratégicainsoslayable. Hay que ayudar a las comunidades a alcanzar su máximo desarrollo a través de sus propios recursos colectivos, cognitivos y culturales. La Cuarta Transformación representa un sustrato rico del que la Tercera Raíz puede alimentarse y brotar, pero como todo fruto, habrá que ser pacientes y cuidar de brindarle las condiciones necesarias para que pueda crecer y desarrollarse.

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