“Las regañadas de Na Marcelina”,  sabor y herencia del pan tradicional de Semana Santa

#Juchitán 12 abril (#istmopress).- No son una sanción, tampoco un regaño , mucho menos un castigo; las regañadas son un pan tradicional que los pueblos zapotecas del Istmo de Tehuantepec especialmente Juchitán y Unión Hidalgo consumen en época de Semana Santa, Na Marcelina Castillo las elaboró durante más de  70 años, y  heredó a sus hijas el oficio de la panadería, ahora Ángela y Margarita elaboran las regañadas como parte de una tradición familiar.

Una gran tina de aluminio aguardan celosamente las regañadas de Na Marelina y   gustan por que están bien elaboradas y recién horneadas, su característica  es crujiente y el sabor inigualable,  en Juchitán es un pecado no probarlas a pesar de que la gula pudiera ganarles a los comensales.

En ambas comunidades zapotecas, las regañadas cada vez se escasean, son pocas las mujeres que quieren dedicarse a hornearlas en altos grados centígrados, pues el horno de pan debe estar a su máxima capacidad, por lo que es un reconocimiento para las  mujeres que hasta ahora desean preservar este pan tradicional de la cuaresma.

La apariencia de la regañada es de un triangulo de aproximadamente 10 a 12  centímetros en cada  uno de sus tres lados, es delgada, crujiente y tiene azúcar espolvoreada de color natural y rojo.

Los comensales disfrutan mucho al probarlas,  al comerlas se deshace en la boca por su delgada textura combinada con el azúcar,  el sabor de la harina y la manteca le dan el toque perfecto.

Na Marcelina  es originaria de Juchitán, y aprendió a elaborar este pan tradicional de sus cuñadas,  quienes le enseñaron los ingredientes y la forma de hacerlo y ahora sus dos hijas además de nietas y nietos saben de esta tradición gastronómica.

“Le digo a mis hijas que hagan las regañadas  y que enseñen esta tradición a sus hijos y así para que nunca se pierda,  es un oficio noble y a pesar de que no deja grandes ganancias me sirvió para darles estudios y también comprar mis cosas”, compartió.

En la casa de Na Marcelina los clientes no se detienen, entran y salen por las mañanas y noches, compran 20, 30, 40 y hasta 300 pesos de este delicioso pan, el cual consideran único, pues lo consumen solo en esta época de semana santa.

Margarita y Ángela López Castillo, las hijas de Na Marcelina son las que ahora se dedican a elaborar las regañadas,  no tienen descanso en época de semana santa, diariamente elaboran unas 400 piezas, comienzan a muy temprana hora y terminan cuando el sol se ha ocultado, el horno de pan muy caliente no deja de arder, entran y salen las regañadas sin parar.

Margarita tiene 72 años, además de las regañadas también elabora pan tradicional, se levanta en las primeras horas del día, alrededor de las 03:00 de la mañana para elaborar sus pedidos y posteriormente comienza con los ingredientes de la regañada que son manteca, huevo y harina.

“El proceso no es fácil, todos los ingredientes se juntan y se mezclan perfectamente hasta lograr una masa enorme, posteriormente los separamos en pequeñas de aproximadamente dos centímetros de diámetro, de ahí con una botella las aplanamos y le damos forma de triangulo, se colocan sobre una placa de aluminio, se les espolvorea el azúcar y se hornean no más de cinco minutos, posteriormente se enfrían y se colocan en bolsas de plástico, listas para su venta y consumo”, expresó.

Desde hace 40 días, las hermanas, hijas de Na Marcelina junto con sus hijos e hijas no se han detenido, en esta semana mayor ya hasta el domingo de pascua la venta sigue, para ellas no hay descanso, los clientes las buscan y no se pueden limitar.

Ángela, es otra de sus hijas,  es maestra de profesión y también elabora las regañadas, sus hijas e hijo la apoyan para que la herencia de la abuela siga preservándose, además de su receta secreta.

“Ya sabemos que cuando se avecina la época de cuaresma tenemos que tener todos los ingredientes, mi madre que a pesar de que no las elabora por su edad, siempre nos anima a que las hagamos, en las vendimias de las ermitas en Juchitán la gente nos ubica y si son de Na Marcelina como la conocen, seguro nos compran, gracias a Dios vendemos rápidamente y todo se acaba”, dijo.

En las ermitas que son encuentros de católicos que se realizan los  jueves previos a la semana mayor  y en los panteones  Domingo de Ramos y Miércoles Santos las enormes tinas de aluminio se colocan en los pasillos, desde lejos los comensales identifican a las dos hermanas y de inmediato se acercan a comprar las regañadas de Na Marcelina.

El mayor anhelo de Na Marcelina es que ahora sus nietos y si es posible bisnietos sigan preservando este pan tradicional, en Juchitán son pocas las mujeres panaderas que las elaboran a pesar de que tiene mucha demanda de los consumidores, principalmente los vacacionistas.

Diana Manzo / Agencia de Noticias Istmopress

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