“El crico”, la droga que acecha peligrosamente a jóvenes indígenas en Oaxaca

Diana Manzo

“Me llamo Julio y soy adicto”. Así comienza esta historia de cinco jóvenes indígenas que habitan en el Istmo de Tehuantepec, en el estado sureño de Oaxaca. Tres de ellos cuentan cómo el “crico o la piedra” -como llaman “al cristal”- se ha convertido en una droga altamente adictiva y su distribución parece no tener fin, porque se ha expandido hasta en las comunidades más remotas como si fuera una espuma imparable.

Apenas hace unos días, en esta región istmeña hubo un decomiso de media tonelada de droga en la comunidad Ikoots de San Dionisio del Mar. El mismo Secretario de Seguridad nacional, Omar Harfuch, informó que “millones de estas dosis iban a ser comercializadas en las calles”, lo cual es una realidad que estos jóvenes cuentan en este reportaje especial para Istmopress.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) califica al cristal como una “metanfetamina cristalina”; es decir, una sustancia sintética y potente que actúa como un estimulante del sistema nervioso central. De acuerdo con el Informe Mundial de Drogas 2025 de la ONU, México sigue siendo uno de los principales productores de metanfetaminas a nivel mundial.

Julio es alto, delgado, de cabello crespo y tiene 23 años de edad. A los 18 años probó por primera vez el crico, como él lo llama. Su familia ha intentado rescatarlo de las garras de la drogadicción internándolo en diversos centros de rehabilitación ubicados en Salina Cruz y Juchitán, en Oaxaca, así como en el vecino estado de Chiapas; sin embargo, sigue consumiéndolo.

“Es algo que no puedes dejar, no sé ni cómo me volví adicto pues mi familia siempre ha estado conmigo, no tengo conflictos, pero me gustó y acá sigo, sé que me hace daño, sé que me afecta mis órganos, pero no sé qué hacer”, dice.

Extremadamente delgado y con una mirada fija que parece observarte todo el tiempo, el joven narra que fue en pandemia cuando decidió probarla en casa de un amigo.

“Ahí me lo ofrecieron por primera vez. Venía en una pequeña bolsita y son pequeños cristales, a mí se me hizo como un experimento. Mi amigo, que era un experto, tomó un foco y lo colocó ahí, y de ahí comenzó todo, y ahora me está consumiendo”, narra.

Arturo es otro joven que también consume la piedra. Ambos son originarios de Unión Hidalgo, Oaxaca, donde -aseguran- que esta droga se adquiere con facilidad.

“Hasta en las escuelas hay droga. Se ha vuelto un tabú, los padres lo saben, los maestros también y las autoridades mucho más. Te venden desde 50 pesos hasta la cantidad que desees”, cuentan.

Dejaron la escuela a pesar de que tenían el sueño de convertirse en profesionistas y para sobrevivir realizan labores eventuales. A veces cortan maleza, trabajan como peón de albañil o de lo que salga.

“La droga es tan adictiva que al despertar no queremos hacer nada más que consumirla, ya que es difícil dejarlo”, dicen.

Confiesan que sus familiares han querido rescatarlos, pero el vicio es más fuerte que cualquier lazo.

Sus cuerpos ya resienten los estragos de consumir metanfetamina. Tienen los ojos con muchas ojeras, la piel reseca, el cabello maltratado y sonríen poco.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco, ENCODAT 2025, las drogas ilegales de mayor uso en México fueron cannabis, cocaína, inhalables y estimulantes tipo anfetamínico, como el cristal. Se reporta que “la piedra” ha desplazado a otras sustancias, siendo una de las principales causas de adicción en jóvenes de 12 años en adelante.

**El humo vigoroso”

 

“Yo sentía que me daba mucha vitalidad. Podía beberme muchas cervezas y nada me pasaba. Además, por mi trabajo de mototaxista no me cansaba, hacía viajes de la playa Aguachil a la cabecera municipal de Ixhuatán y yo estaba muy bien, pero no me daba cuenta que dejaba de comer y beber agua, entonces todo salió mal”, recalca Genaro de 22 años de edad y de origen Ikoots.

Genaro vive en Ixhuatán pero es originario de San Dionisio del Mar. A él le ha costado también dejar el cristal y afirma que conseguir esta droga en su localidad es muy sencillo.

“Fácil encuentras el crico en mi comunidad, y creo que así pasa con todos, es barato también y eso hace que lo estemos consumiendo todo el tiempo, lo malo es que ya no lo podemos dejar, o al menos a mí me ha costado”.

En el centro de rehabilitación llamado “Fuentes de vida” -donde actualmente recibe un acompañamiento de desintoxicación- convive con al menos una veintena de jóvenes de diversas localidades del Istmo de Tehuantepec.

De pelo lacio y estatura mediana, el joven recalca que cada vez que consumía cristal sentía cómo los problemas se olvidaban y su mente descansaba. Para él, aspirar el humo le tranquilizaba y le daba fuerza.

“Siento que las cosas no tienen valor, entonces mi mente descansa, no es nada sencillo, pero a mí me gusta más no pensar, y por eso lo consumo”.

El joven reconoce que estar en un centro de rehabilitación no es nada fácil, sus padres pagan cuotas mensuales y aunque bajas pero pagan, y él debería estar en la escuela, pero su realidad es otra.

“Llevo 15 días en este sitio, me tratan muy bien y todo, pero no es lo que yo hubiera querido. A mí me hubiera gustado estar ya trabajando o terminar la preparatoria, pero conocí al crico”, señala.

Su estancia podría ser de tres a seis meses, no se sabe aún, todo depende del tratamiento y acompañamiento, aunque más de la fuerza de Genaro, quien entre lágrimas confiesa que quiere otro futuro, quizá terminar la preparatoria que dejó trunca y ser maestro de educación física, porque le gusta mucho el futbol.

**Fui adicto y ahora me toca ayudar con “Fuentes de vida”**

 

Su adicción de cinco años al cristal lo llevó a tocar fondo. Hoy, Alejandro Gómez Fuentes tiene otra misión: ayudar a jóvenes que como él requieren de acompañamiento profesional para dejar de consumir sustancias que dañan su cuerpo.

Confiesa que le hubiera gustado mejor fundar una escuela o un museo, pero la urgencia de ayudar a jóvenes le obligó a abrir un centro de rehabilitación que inauguró el año pasado con el nombre de “Fuentes de vida”, ubicado en Unión Hidalgo, Oaxaca.

Desde este lugar, junto con su pareja y sus padres acompañan con la ayuda de profesionales a por lo menos una veintena de hombres y mujeres a vivir una vida libre de drogas y con ello intenta frenar el alto consumo del cristal.

“Fuentes de vida” aun que está dando los primeros pasos en el tema de la rehabilitación contra las adicciones y el tratamiento de salud mental está comprometido y brinda; un acompañamiento de calidad y de tiempo completo.

“Tienen sus alimentos, realizan sus actividades como comunidad terapéutica y cuentan con , el acompañamiento de profesionales de la salud y pastores religiosos. Todo está muy bien planeado, lo que se busca es que el o la joven se rehabilite por completo, no los queremos de regreso. El sueño sería que no hubiera uno solo, pero desafortunadamente cada vez llegan más y de diversas comunidades aledañas, eso sí es una realidad”, reconoce.

En su mayoría, los jóvenes no solo son de su natal Unión Hidalgo, sino de diversas localidades indígenas aledañas a la zona, pues -como dice- “el cristal no sabe de sexo, profesión, condición económica, posición social ni de edad”.

“El 90 por ciento de las personas a quienes acompañamos tienen la adicción al cristal, combinada con marihuana y alcohol, entonces lo que buscamos es una rehabilitación completa, que realmente sea digna,  integral” y precisa.

Sin embargo, aunque Alejandro es el “padrino” y colabora a que la estancia de las y los jóvenes no sea costosa, es una realidad que las madres y padres tienen que destinar mensualmente parte de sus ingresos para poder mantener a sus hijas e hijos libres de droga.

“Lo ideal es que ninguna persona viniera a nuestro centro de rehabilitación, pero no es así, desafortunadamente cada vez suman más y más jóvenes. Veo con tristeza el esfuerzo de los padres y las madres que me dicen: mi hijo debería estar en la escuela y no en un centro de rehabilitación. Esta es desafortunadamente la realidad que se vive en las comunidades indígenas”, lamenta.

***Cristal y fentanilo, dos retos de la salud pública en Oaxaca***

Las autoridades de Oaxaca saben que el consumo de metanfetaminas es una realidad en las comunidades y por ello impulsan programas como «Oaxaca Segura: Sin drogas salvas tu vida», aunque es insuficiente.

Por su parte, el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) también ha puesto en marcha programas escolares para hacer conciencia sobre esta situación, pero la realidad es que el consumo del cristal, crico o piedra continúa, a pesar de que la Fiscalía ha reportado múltiples detenciones por posesión y narcomenudeo de esta sustancia en diversas regiones, incluyendo la Costa, el Istmo de Tehuantepec y los Valles Centrales.

Lo que también ha crecido son los establecimientos especializados en atención a las adicciones. La Comisión Estatal para la Protección contra Riesgos Sanitarios informó que existen 70 establecimientos especializados registrados, de los cuales 43 se ubican en la zona centro y el resto distribuidos en las regiones de Oaxaca.

Es importante mencionar que también existe un subregistro de estos centros, como lo es “Fuentes de Vida” y otros más, que se promocionan en camiones públicos, parques y redes sociales, lo que muestra un número creciente de estos espacios donde brindan acompañamiento a las juventudes.

Mayra fue usuaria de un anexo ubicado en la ciudad de Juchitán, Oaxaca, y aunque tres meses después egresó, su experiencia cuenta que no fue la mejor.

“Permanecíamos hacinados, todos juntos y juntas. Mis padres pagaban 2 mil 500 pesos mensuales, pero, finalmente por salirme”, confiesa.

**La mejor prevención es el amor y la familia**

Finalmente, para el psicólogo zapoteca y experto en adicciones, Raúl Herrera, las adicciones sí son un problema de salud pública que está creciendo exponencialmente.

Refiere que decenas de jóvenes entre 12 y 25 años le visitan a diario en su consultorio, y cada vez suman más y más, sin importar si son hombres o mujeres ni qué condición social tienen.

“La mejor prevención está en la familia, por favor abracen, den amor, el problema es grave. Vamos a tener años difíciles con respecto a las adicciones. Si en la familia a manera de convivencia se consume alcohol, moderen su uso. El amor y la alegría son placeres inmensos para que logremos vidas largas y útiles”, concluyó.

**Este trabajo tuvo la colaboración de Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad Oaxaca.

FOTOS: DIANA MANZO y foto ieepo, tomado de redes.

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