Teje hamacas para reactivar la economía y liberarse del miedo después del terremoto

#UniónHidalgo 27 septiembre (#Istmopress).- Mientras mira como las gotas de lluvia mojan su vivienda, en un techo de concreto que solo tiene grietas y que no representa peligro José Antonio Galván Orozco teje hamacas para liberarse del miedo después del terremoto del 7 de septiembre y también para reactivar su economía familiar.

No hubo descanso después que la tierra tembló en su natal Unión Hidalgo, sería un pecado tomarse unos días libres, su esposa y sus dos hijos así como sus padres viven de lo que gana tejiendo las hamacas, por fortuna los clientes están.

Su esposa Dulce Abigail está atenta a lo que le solicite, puede ser hilos o agua para beber, el artesano no pierde un minuto, toma su hilo dependiendo del color preferido de sus clientes y lo enreda a su aguja de madera con la cual teje, así transcurren los segundos y minutos hasta completar doce horas, que es su jornada laboral.

José Antonio también es maestro albañil pero con el terremoto y las lluvias no ha podido trabajar, se pregunta ¿Qué hubiera hecho si no supiera tejer hamacas?, a lo que él mismo se responde: un oficio ayuda mucho a vivir, el tejido de la hamaca

No hay hogar en los pueblos del Istmo en donde no exista una hamaca, sería un pecado no tenerla, por que se considera uno de los accesorios elementales de descanso de todo zapoteca, aunque algunos aseguran que mecerse en la hamaca los marea.

“Muchas gente me pide una hamaca, a las personas les gusta por que son cómodas, mi esposa hace tandas semanales y eso me ha ayudado a tener unos pesos para vivir, no es fácil, estamos temerosos, elaborar las hamacas me ayuda a liberar las tensiones, es como si fuera mi terapia”, expresó.

Hace tres años aprendió a el oficio, compró su bastidor que oscila aproximadamente en 700, y un kilo de hilo de seda a 300 pesos además de las agujas de madera que cuestan 10 pesos y emprendió el reto, actualmente elabora unas dos piezas semanales.

A las 7:00 de la mañana comienza el ritual, durante doce horas el tejido se entrelaza entre el hilo, en ocasiones José Antonio teje variados diseños, que van desde petatillo, cuadro y sencillo, todo depende del gusto de los clientes.

La sensación de movimiento de la tierra la siente a cada instante, no puede negar que sintió miedo después del terremoto, pero tampoco perdió la fe y por fortuna el hilo de la hamaca que es su materia prima esta disponible y por eso trabaja.

Al tejer el artesano se concentra en su trabajo y se olvida de la situación de estrés que ha enfrentado su familia, su esposa es la que le avisa durante las constantes réplicas que al día se dan, sin embargo de tanto movimiento no se da cuenta.

En cuatro días termina una hamaca, el tamaño común es el de 4 kilogramos, aunque sus clientes tienen la ultima palabra, las elabora de 4 o 5 kilogramos, ha llegado a realizar una de 6 kilos que abarca para unas 8 personas.

*Multiplicar el aprendizaje entre amigos

Mientras teje y teje los amigos del artesano se le acercan, le preguntan como aprendió y como le hace, por lo que no duda en ofrecerles la aguja para que aprendan, no lo toman pero ganas no le faltan, el sueño de José Antonio es montar un taller de hamacas y enseñarles a los que gusten.

El conocimiento lo tiene, lo que no le falta es dinero para comprar los bastidores, hilo y las agujas, es decir comenzar con los primeros materiales y una vez que cada aprendiz venda sus productos encarrilarlos hacia la producción formal y obtener recursos para mantener a su familia.

El joven artesano que apenas alcanza los 30 años asegura que las hamacas no lo harán millonario y tampoco poderoso pero está dispuesto a destinar su tiempo y enseñar a sus paisanos para que mejoren su economía.

“No es fácil aprender a tejer las hamacas pero tampoco imposible, me siento contento de que existan interesados, ojalá alguien nos ayude para que tengamos nuestro taller, eso me motiva ayudar a los demás”.

La vida tiene que seguir asegura el artesano, quién no ha tenido un solo día de descanso desde hace 20 días, cuando el miedo se apoderó por el fuerte sismo y desde entonces teje y teje para distraerse y no dejar sin comida a su familia.

 

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