Hermanos en el Camino, a 10 años de su fundación

#Ixtepec 27 febrero (#istmopress).- Un pequeño pastel, juguetes, arroz y frijoles, una escoba… fueron algunas de las ofrendas simbólicas entregadas durante la misa oficiada por el padre Alejandro Solalinde Guerra, en la capilla del albergue de migrantes Hermanos en el Camino, a diez años de su fundación.

Una celebración humilde, con pasteles hechos en casa, después de atender a unos 300 mil migrantes en una década, desde que el padre Solalinde los esperaba en las vías del Ferrocarril para brindar alimento y atención a los heridos, cuando el actual albergue era un terreno casi baldío y las personas descansaban en champas forradas de plástico.

Desde que inició su misión pastoral el padre Solalinde y quienes le acompañan en esta labor han soportado insultos, persecución y cárcel… pero el sacerdote no se detiene para hablar del pasado, agradece a Dios por su misericordia y continua la misa citando el evangelio según San Mateo: “Nadie puede servir a dos amos, no se puede servir a Dios y al dinero”. Servir a Dios es servir al prójimo, asegura Solalinde Guerra.

Antes de la misa dijo que con las nuevas condiciones impuestas por Estados Unidos de Norteamérica y la traición del gobierno de México a sus hermanos centroamericanos, el acompañamiento pastoral se readapta a las nuevas condiciones. De acuerdo a las cifras del albergue Hermanos en el Camino, durante los primeros 6 años un 65 por ciento de los migrantes que estuvieron en el albergue llegaron a Estados Unidos, en el último año lograron llegar y establecerse un 70 por ciento; actualmente el panorama es adverso.

Solalinde dice que las caravanas no han servido para mucho, por eso junto con 27 casas para migrantes, en colectivo, se preparan estrategias jurídicas, de manera que puedan incidir desde las leyes al verdadero respeto de los derechos humanos de las personas que migran.

También hizo un llamado a la jerarquía católica para que apoye a generar conciencia evangélica en los feligreses que reconozcan a las personas migrantes como hermanos. “Hoy más que nunca México debe ser un lugar de hermanos, México siempre ha recibido a quienes le piden asilo, y hoy es momento que abra sus brazos a sus hermanos de Centroamérica”.

Voluntarios y migrantes de diferentes partes del mundo durante la misa cantaron y brindaron sus ofrendas, que simbolizan las labores que han realizado y realizan en pos de los demás. Dieron su testimonio mujeres y jóvenes, quienes han recibido por fin una visa y alentaron a los demás a tener paciencia, aquellos que estaban desahuciados, heridos, abandonados pero que recibieron la atención, cuidado y cariño de la gente del albergue.

 “Sí es posible enfrentar la adversidad y vencer el miedo, en diez años de servicio hemos tenido el honor de servir a las y los hermanos migrantes, hemos hecho incidencia política y generado conciencia sobre el valor de quienes migran; pero sobre todo estos 10 años son testimonio de la misericordia de Dios” dijo Solalinde.

Después de la celebración, algunas personas que actualmente se encuentran en el albergue continuarán su viaje al norte, mujeres cuentan que han caminado 16 días desde la costa de Chiapas, otros recuerdan los asaltos y violencia sufrida, el pago de 50 pesos por día en trabajos agrícolas, por no se detendrán pese a los riesgos del camino y a las amenazas del gobierno de Estados Unidos.  Otros prefieren quedarse en México a trabajar, para lo cual esperan obtener de las autoridades los permisos necesarios. Todas y todos huyen de la pobreza y la violencia de sus países de origen, dejándolo todo con la esperanza de una nueva vida.

Martín Vargas / Agencia de Noticias IstmoPress

 

 

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