Pirotécnicos celebran el Corpus Christi en Juchitán

#Juchitán 18 junio (#Istmopress).- Son los seres que crean luz y el sonido que llama a una celebración en el Istmo y en todo el mundo, con sus manos elaboran casquillos de pólvora que producen truenos y luces multicolores, son los pirotécnicos que celebran el jueves del Corpus Christi en Juchitán.

Sin cohetes en los pueblos no se sabe si habrá un entierro o una fiesta, los abuelos comentan que en los funerales prenden uno o dos cohetes para dar a conocer el suceso, y en las bodas y celebraciones festivas son más de tres.

A los pirotécnicos también los conocen como “Coheteros” son alrededor de 30 personas que aún conservan este arte, y no solo es un oficio de hombres, sino también de mujeres, “Nereida Vicente” y “María Luisa Carrasco Jiménez” son dos de ellas, a diario realizan casquillos de pólvora para crear cohetes, algunos multicolores y sonidos.

El Jueves del Corpus Christi en Juchitán lleva más de medio siglo y los coheteros lo celebran para darle gracias al “Santisimo Sacramento” sus bondades, ha sido heredada de generación en generación y en este 2017 los que encabezaron la celebración fueron “Alejandro Aquino Sánchez y Zenaida Carrasco Jiménez”, quienes fungieron como mayordomos.

Realizan un paseo de flores y frutas con carretas y carros adornados por las principales calles de Juchitán, llevan consigo figuras elaboradas con los cohetes como castillos miniatura y también figuras como toritos y malandrea (muñecos que simulan un hombre y mujer) y sin faltar la infinidad de cohetes que se prenden durante el recorrido.

Al día siguiente celebran su fiesta, van vestidos con su guayabera blanca y las mujeres con su traje típico (enagua y huipil), los cohetes no pueden faltar y tampoco el vals donde agradecen al santísimo sacramento la fortaleza para seguir realizando lo que les gusta y con mucha pasión.

En el Istmo de Tehuantepec este arte lucha por su sobrevivencia, en Juchitán apenas son 30 personas en un universo de 90 mil habitantes. Otras localidades como Unión Hidalgo, San Dionisio del Mar, Tehuantepec y Salina Cruz también elaboran cohetes pero son mínimos.

Su arte no solo es admirado por clientes istmeños sino a nivel nacional, su éxito está en que el cohete prenda y suene y si es con luces que se esparza por el cielo durante varios segundos, aunque reconocieron que sus peores clientes son las autoridades municipales.

“Es un oficio muy peligroso, la pirotecnia ha cobrado vidas en Juchitán, pero cuando te apasiona no lo puedes dejar”, expresó Octavio Santiago Flores quién desde los seis años de edad realiza cohetes.

Su niñez la vivió en medio de la pólvora, de los hilos, los pedazos de papel y las tiras de carrizo secas, su padre “Mateo Cohetero” y su abuelo “Andrés Flores” le heredaron el oficio.

En Juchitán los coheteros tienen un espacio llamado “Polvorín” que cuenta con un permiso de fuegos pirotécnicos avalado por la Secretaria de la Defensa Nacional (Sedena) para manipular la pólvora y evitar riesgos en sus hogares.

“Mucha gente no le gusta la cohetería por los accidentes, aquí en Juchitán ha habido casos lamentables, hace años una casa explotó y murieron dos niños, por eso hemos optado por trabajar en el polvorín y así evitamos riesgos, otro factor es la lluvia, la humedad tampoco nos ayuda”, dijo.

María Luisa Carrasco Jiménez, además de madre y abuela se dedica a la cohetería , lleva 37 años elaborando sus cohetes con los cuales obtiene recursos para sobrevivir.

“Cuando me casé fue que aprendí a elaborar cohetes, mi esposo me enseñó y ahora que ha muerto sigo haciendo mis casquillos de pólvora, es un oficio de mucha concentración, tiene sus técnicas para elaborarlo y me gusta”, expresó.

Este oficio no es difícil aprender, pero si es peligroso y requiere de mucha paciencia, coincidieron los coheteros quienes anhelan que las nuevas generaciones manipulen la pólvora y lo vean como una fuente de vida.

“Gracias a los cohetes mis hijos pudieron terminar una carrera, y muchos de ellos aprendieron, debemos revivir los oficios, la cohetería tiene sus riesgos pero es un empleo seguro, aquí en el Istmo siempre hay fiestas y los cohetes son un requisito indispensable”.

Además de la pólvora que adquieren kilogramo, los coheteros utilizan el clorato de bario que es para darle color a los cohetes y también los sonidos.

Los castillos normales que elaboran son de 2 metros, pero algunos han hecho inclusive hasta 10 metros de altura, lo más difícil y peligroso es integral las bombas porque un fallo sería la perdida de alguna extremidad o de la propia vida.

Alejandro Charis Sánchez, Martín Vicente, Mariano Romero López, Juan José Martínez Ordoñez, José Alberto Gutiérrez, César Ortiz, Lorenzo Antonio, Víctor Santiago López, Candido Alonso, Sebastián Alonso, Eleazar y Víctor Gutiérrez son algunos de los socios, muchos heredaron el arte de sus abuelos y padres y otros por iniciativa propia.

“Elaboramos castillos de 5 a 10 metros, todo es a gusto del cliente, algunos le ponemos un solo color y en otros combinado, hacemos figuras o le agregamos alguna imagen o letreros, otros quieren con un solo trueno o dos y algunos con silbido, en fin todo lo hacemos al gusto”, expresó Alejandro Charis Sánchez, quién lleva 37 años elaborando cohetes.

Los coheteros coincidieron que a pesar de ser un trabajo riesgoso es una opción de empleo y recomendaron a las nuevas generaciones que en vez de quejarse comiencen a ocuparse en la pirotecnia.

 

Diana Manzo/Agencia de Noticias Istmopress

 

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