Víctor Fuentes  / Los raspados de las Perpente

 

Confieso. Soy enemigo de las personas que se apropian de las aceras. Aún más las que las consideran de su propiedad. Ellas instalaron una mitad de toldo a rayas verde y blanco. Como si de un circo se tratara.

Bajo su sombra una mesa blanca cubierta por un plástico color pastel, empotrada sobre la banqueta, no dejapasar a ni un transeúnte. Sobre ella, los vasos y botellas cónicas que una vez tenían rompope. Todas sirvenpara contener el jarabe hecho en casa.

Un minúsculo letrero azul anuncia los sabores, lo lees y son distantes dela temporada de frutas,puedes leer que incluye sabores como el propio rompope, durazno en almíbar,piña,guanábana, mamey, naranja entre otros.

Pedí de mameycomo para cerciorarme si cumplían con los sabores anunciados,y sorpresa. La señora menuda, ceñida la cabeza con pañoleta blanca, en segundos ya raspaba de la barra los copos que me daría. Entre pláticas de quién va yviene. Vi que su cara de roca se suavizaba.

Me atrevía preguntar por su nombre, me lo dio con un tono de por qué quieres saberlo, Doña Esther Méndez, y sonrió. Para continuar la plática pregunté si tenía una botella vacía como los que guarda jarabe sobre la mesa. Los que vamos sacando los ocupamos luego. Respondió. No creo tener,agregó luego tajante. Intenté de nuevo entablar la plática, le dije que cuando pueda regresaré, que por favor me guardara una. Asintió con la cabeza,nosupe si era un sí oun noporque llevaba el ritmo del cepillado del hielo.

En poco,salió sonriente con una botella vacía, recién lavada en la mano. Me lo entrega con una sonrisa. Enseguida ya me estabapreguntado si quería con agua, o si leponía más dulce a mi bebida. Dije queno y tampoco quería con lechera, que es como la especialidad dela casa. Me entregó medio litro de raspado demamey, en un vaso de unicel, además un popote ysu cuchara respectiva.

La vergüenza y la culpa se apoderaron demí, muchos más cuando unos conocidos pidieron desde su auto unraspado de rompope para llevar. Luego pasaron otros que me silbaban desdesus camionetas. No creo que hayan notado mi cara de qué pena.

Entre culpa yplacer terminé de consumir el medio vaso térmico. Pensé luego, cómola señora Esther no abrela casa, acomoda sus sillas ynos atiende desde adentro, y no en labocacalle, quizás pagaríamos un poco más por el aseo de su sala, pero con gusto lo haría, de esta manera evitaría, tal vez, generar tanta basura que, en mi caso, me vi obligado a terminar, luegodejar ahí mismo el vaso, en el único botepequeño que resguarda bajo la mesa pulcra.

Sale una señora con un mandil azul y pañoleta que usa como cofia. Le trae agua limpia a Doña Esther, me sonríe ala primera, parecía que el calor la hacíasonreír sin motivo aparente. Volvió a entrar y después de un rato sale a comprar, asu regreso, no me resistí y la abordé con entera confianza, pregunté cuántos años tiene su tienda, suponiendo que era la dueña Doña María Elena Perpente Martínez. Tenemos 14 años trabajando, lo dice con muchacalma y con ganas de seguir contándome.

Cuando dijo sus apellidos deshice la idea de que la señora Esther y ella fueran hermanas, pero me refuta, lo somos porque ya llevamos varios años trabajando,la verdad mi padre vinode Italia, pero yo acá crecí y soloestudié la secundaria.

Me gusta atender a la gente, con esto me sostengo y mi familia. Parece que la suertele sonríe, apenas ahora los de la SEDATU, en este nuevo censo,a casi el año del sismo, ha foliadola casa, la que fuera de sus padres, a unos metros dela esquina dela calle 2 de abril y laavenidaÁlvaroObregón.

Sobre la banqueta atienden estas mujeres un negociocasi de hermanas, sinnombre alguno, solo cierran los domingos, aunque los hay en las que sí abren, según nuestro ánimo y cómo nos fue en la semana. Comentó Esther.

Ambas conocen muy bien el trabajo, toda pulcritud, se han familiarizado con el raspado, las dos crean saboresnuevos y están atentas al gusto de los clientes, atinadamente preguntan ¿Poca azúcar?, ¿Poca agua?, ¿Con lechera? interrogan mientras continúanraspando el hielo.

Esperoque pronto sientan, que este negocio puede mejorar. Usando vasos con vida prolongada, parasatisfacer a los quedegustamos y saboreamos sin prisa nuestro raspado, espero que nos refresquen el paladar con un cambio y menos culpa cada día.

Será mejor que tengan suerte con el nuevo registro de la secretaria, con ello, considerar usar la sala, y tal vez,brindar ese espacio del interior renovado, que pueda renombrarse como la tienda de raspados más orgánica y pulcra de todo Juchitán. Solo que, con alma italiana. 

Entonces será una alternativa a los raspados que ofrecen las franquicias de frutas edulcoradas, que siempre nos quieren venderhasta la sombra, en medio de tanto calor.

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