Víctor Fuentes / Encontrar esperanza desde el escombro 

Todos nosotros tenemos según la idea acuñada a finales del siglo XIX, un espacio vital, en cual nos movemos, conservamos y nos desarrollamos. Esta corriente de pensamiento sirvió al nazismo, para tener motivos de ampliar su espacio territorial, político, económico y justificar tanto la guerra como sus estrategias.

El mejor lado del espacio vital es que lo actuamos de manera natural, para proveernos de confianza, de seguridad y abandonarnos cuando estos dos estados son percibidos, quizás ocurra solo con la persona amada.

Me parece que conservar este espacio vital nos lleva a ser indiferentes, esquivar lo indeseado, mantener la repulsión, todo hasta ahí está bien, hasta cierto punto, pero podíamos estar conscientes de este estado, y sacar el mejor provecho de ello.

¿Dejaríamos nuestro espacio vital en tiempos como la contingencia sísmica en la que se vive actualmente en el istmo? Está claro que nuestras casas se desplomaron. La reacción inmediata es rehacerla, cubrirnos, llenar de nuevo esta demarcación que eran nuestros límites.

Sin duda el espacio vital, metafóricamente es esa la casa que hemos construido y pensamos que nos resguarda desde lo más íntimo hasta lo más banal.

La casa representa en gran medida la fuerza del espacio vital, ese entorno en el que cada uno de nosotros nos sentimos seguros y, por tanto, libres en estado puro.

Por ello también con toda seguridad un lugar invadido de recuerdos como muestran las fotografías que solíamos colgar en galería familiar. Y también, lleno de matices personales puesto que la decoración y el estilo elegido para dar vida al hogar, vivifica una vivienda de la propia esencia de quienes vivimos en ella.

El espacio vital, con todo lo ocurrido queda en esencia derruida, para ello es necesario una pausa que nos haga pensar cómo podemos reconstruirnos en lo más personal, aceptar que hemos sido violentados por la fuerza de la propia naturaleza.

Si aceptamos esta pausa saldremos abantes ante tanto hostigamiento y oferta aparente, disfrazada de ayuda incondicional. Por cómo se mueven las situaciones en las que las instituciones condiciona estos apoyos. Así se vuelve cada vez más urgente el trabajo de gestores que encamine nuestros propios deseos y trabaje a favor de nuestras emociones primarias.

El apego a las cosas y objetos personales siguen siendo una primera barrera sensible que podemos considerar de manera detenida aunada a la urgencia, los primeros días cuando la ayuda en Unión Hidalgo era másque lenta, escasa. Pude apreciar que en tres casas rotularon con letras grandes “Mi casa se colapsó, necesito ayuda para demolerla” se podía leer con variantes mínimas, las tres casas por fuera se veían casi enteras, pero por dentro eran inservibles.

En una de estas casas, vuelvo a pasar y el sitio esta descampado, sobre lo que fue la casa aparece una carpa beige y en uno de sus costados dice con mayúscula CADENA, abajo dice: comunidadjudía en México. Entiendo que fue una donación, lo que hizo la propietaria fue acomodar su mesa de santos y un baúl a su lado. Cuando uno pasa puede verlo desde la puerta de plástico que se agita en el aire.

Este escenario, puede apreciarse en todas las casas, hay un desmesurado empeño por salvar, cuidar estas propiedades. Se sigue apegado a los símbolos, a lo que da seguridad, y esta acción es pieza clave para quienes están proponiendo nuevos espacios para la gente de la comunidad, les es imprescindible revalorar la cultura, conciliar entre quien se le ayuda y para qué quiere su ayuda.

El pueblo entero debe mirarse a futuro, no en la inmediatez, resulta costoso e innecesario ofrecer viviendas temporales, que bien podría iniciarse con la que puede brindar mayor y mejor seguridad, en cuanto a lo íntimo y lo material. Es urgente revisar las propuestas y no crear necesidades donde no existe, sino mirar alternativas.

Hay que reconocer que no todo el sistema constructivo tradicional es caduco, aunque lo ha demostrado los cientos de casas derruidas, la arquitectura tradicional ha respetado el clima, en todos los sentidos. Y a los donantes toca respetar la cultura, hacer apremio del espacio vital, para aceptar los cambios urgentes, las transformaciones sucintas.

Seguir respetando lo antiguo, pero favorecer espacio a los avances y alcances de la construcción, pensar que el material es prescindible, apostar ahora al manejo adecuado del sistema constructivo.

Apegado con fuerza a la seguridad, confianza y lo más importante respetar el espacio vital, como unamera cuota cultural, apegada a la añoranza, pero también ala innovación. Un mero hito para encontrar la esperanza que nos ha arrebatadoel sismo y sus miles replicaciones.

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