Víctor Fuentes / En medio de los ojos

Detrás del río Espíritu Santo, que irriga la orilla norte de Santo Domingo Ingenio, nos esperaba el señor Heladio, un hombre dedicado al campo, a la caza de animales silvestres, eso era antes, nos diceporque ahora los huachos te ven con una 22 ay, nanna, te en tamban.

Intercambiamos saludos y palabras breves, se giró para guiarnos con la manoque debimos movernos por el camino carretero, siempre al norte, nos dijo. El aire fresco de 9 de la mañana estaba estimulante, entraba por la piel, respiraba y pensé en los habitantes de la ciudad de México, con sus altos índices de materia fecal sobre volando la ciudad.

Caminamos los cuatro por el camino gastado y erosionado por las lluvias, él mismo don Heladio, ha derribado parte delas paredes de tierra, he dejado las marcas. Por acá, lo muestra, tocando los aplanados que ha hecho sobre el lodo rojizo, arcilloso, ora pedregoso y arenoso, este camino sololo atraviesa la carreta, los caminos están en la cabeza de don Hilario, como múltiples redes de avión, como carreteras fijas.

Por cada rumbo de camino bifurcado nos indica sus límites, sus destinos. Uno sale al potrero de fulano, otro al aguaje de los Jiménez, ese al terreno del señor Alfonso, así cada hijo de campesino, un sendero afortunado en la memoria de don Hilario, sabe el nombre de cualquier planta, es un botánico, es un médico,un curandero. Sabe que hierba cura  o deshincha el ojo, el que te hincha los huevos, o el palo hincha huevos, los cactus, los órganos desarrollados de entre los matorrales, los enormes huanacaxtles, los moros y sus frutas curativas, un jarabe para la tos.

Los vejucosmuy retorcidos y sus florecillas casi orquídeas, el camino más corto, el cruce para ahorrarsenderismo, subidas y bajadas innecesarias, esto ayuda a no agotarnos y avanzar más, a no desistir, llegar al aguaje, el aguje es un remanso de sombra rodeado por tres enormes chubi’, o matapalos, están también los bibi, palmeras ylos árboles cacho de toros, árboles de corteza lisa y camuflada, sinduda losmilitares la han de haber visto yquisieron vestirseasí.

Quisiéramos no regresar e internarnosindefinidamente. El sol juega a darnos sombra devez en vez, y nos excitamoscon los conocimientos de don Hilario, sabio hombre de campo, nuestros pies se agotan y se llenan de tierra, polvo fino, pero nuestros pulmones están cargados de aire limpio, y no dejamos de platicar, de las mujeres del campesino que encontramos en el camino, delosperros que nos acompañaron, delos indocumentados que recorrieron la zona, de las chicas que luego se o las prostituyeron a voluntad en las cantinas del Ingenio, yo siempre las he respetado dice don Heladio.

Hablamos de la grandeza de la naturaleza,del respeto que hay que guardarla, de la gente que ha venido y  deja su basura, de nuestros deseos de volver, de repetir y conocer nuevos sitios.

Al volver cerca del río, nos encontramos al señor Alfonso, con una carreta repleta de leñas, nos invitó visitar el otro aguaje, el más grande y al mismo tiempo le reprochó a Hilario, porque nos jugó y no nos llevó al más grande, Hilario, no dijo nada, guardo silencio, Don Alfonso, insistió,hay un camino corto, en la otra visita les doy mi número telefónico y me los llevo. Terminódiciéndonos.

Muy pocas oportunidadesse tienen de internarse en este tipo de aventuras, en este tipo de viajes voluntarios, al retiro, al recreo que los ojos. Y que el espíritu, se torne sin duda reconfortado, mis amigos me dieron las gracias por compartí el día con ellos,pienso que es lo contrario,debo darles gracias a ellos por considerarme en este camino rumboal sendero de la naturalezaviva, que siempre nos hade esperar. Por mucho tiempo más.

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