¿Por qué no tenemos escuela? / Víctor Fuentes

 

Durante la última semana para irnos de vacaciones decembrinas del año 2015,llegué a Chicapa de Castro, municipio de Juchitán de Zaragoza, tengo exactamente un año y seis meses, este 7 de junio del año 2017. Desde mi llegada tengo atravesada una daga en mi cuerpo, una angustia que es quebranto, siento que el poder aferrado a la rutina de los docentes, es un mar intenso que me bloquea la conciencia.

Si no lo comparto ahora, poco a poco, en este instante, podré tener un estallido de emociones, encontradas, emociones que se arrastran desde hace más de un año y seis meses, no hay un solo día que pase en la que la esperanza no se fragüe, a la vez se vea alejada, cada vez me abandone con intensidad.

En medio del terreno habita un árbol de huancastle, fiel servidor y surtidorde aliento a mi corazón, ahí mismo se sentaba con frecuencia el director de la escuela Emiliano Zapata, al que fui a sustituir.  Estoy varado porque estoy acostumbrado a las trasformaciones, ligado a mis principios de entrega absoluta a mi profesión, a la que le debo todo lo que soy y tengo. Me hace sufrir esta angustia, esta impotencia que padres y docentes, con su indiferencia jamás asimilaran el daño que me causan.

Uno no escoge donde estar, en el mundo y más en la vidade las escuelas, considero que después de este tiempo, los padres y los profesores ya deben saber qué es lo que puede aspirar una escuela, carente de salones, de espacios ideales para llevar una rutina como la de las demás, edificio, equipamiento y materiales apropiados.

En esta precariedad, veo la grandeza de lo que puede ser, y no se ha podido realizar.  La precariedad en todo, es la fortaleza que nos movería a ser una escuela innovadora, una escuela abierta al cambio, una escuela que no espera que todo venga de fuera. No debe aspirar que alguien se apiade de nuestra situación y nos done algo, nos regale cualquier cosa, y luego corra a los medios a publicar sus donaciones en los periódicos.

La escuela pasa a nuestros ojos, pesada, cada vez más hundida en la desgracia, en manos del abandono. No podemos ser esa escuela que imita a cabalidad la vida de las particulares, donde la clausura de cada año seaa la Jopardy, imitar a medula los uniformes caros, cuotas impagables por los padres, compra de todo tipo de materiales, además de costosos, inservibles.

La escuela a mi parecer debe volver a caminar en los andares de la tierra, salones con material de la región, cuando se los propuse a uno de los visitantes de SEDESOL, me paróen seco, medijoque me dejara detonterías y sueños guajiros.

Considero que esto debe ser motivo de discusión, si nos vienen a ofrecer construir los salones,pues tenemosderecho, al menos, de decirles cómo queremos nuestra casa, además de que estamos corriendo el riesgo, que por default seamos insertarnos a escuelas al CIEN, que es lo que finalmente mueve a estas instituciones.

La escuela Emiliano Zapata, a falta de salones por más de  6 ciclos escolares continuos, ha servido para pasarela de políticos, gente con distintas intenciones y mal versión de fondos, cuando lo hubo, por parte de los comités de padres de familia, no tenemos como comprobar los rumores de que los edificios hasta han sido reportados como obra concluida, cuando los espacios, pese a lo precario,  fueron construidos con mucho esfuerzo de algunos padres, los mismos que siempre acuden a las reuniones de un total de 66,sólollega la mitad.

Desde hace tres meses, se colocaron dos paredes faltantes a los espacios que funcionan como salones, y las madres que son del comité, con un poco de cemento donado por la agenta municipal, en los últimos días de su administración, con esa tonelada de material, hicieron maravillas, la emoción las ganó mandaron a colocar 6 columnas, principio de lo que será la biblioteca, pues en cada reunión no quitaba el dedo del renglón, diciéndoles que antes que otra cosa debíamos edificar una biblioteca, las columnas erguidas sobre el vasto terreno, son el esqueleto de un pequeño rincón para los libros.

La propuesta original y con apoyo incondicional de un docente, era hacerla con techo y pared de palma, combinando material industrial, una especie de mezcla de lo antiguo y lo nuevo. Pero sin perder de vista lo ecológico, el sentir nuestro por el aprecio de lo natural.

Y sí, a esta manera de edificar se incorporaban no solo las madres, sino los padres de familia, todos para sentir que somos útiles. Para demostrarnos que aun sabemos hacer algo con nuestras manos para el bien común.Sería ya cosa de fortuna, gratificante.

A la distancia hay una pausa muy grande, que me atormenta, toda la escuela debía asumirse todos los días, para que no nos hiciera falta nada, para no sentir que los salones son lo único que necesita una escuela, para hacerse llamar escuela. Que tal y sucede, que ya tenemos equipamiento hasta servicio de computo, e internet, pero ahora yano sabemos trabajar en unidad, en equipo, no sabemos qué hacer con las computadoras y cómo administrar las cuentas electrónicas, quelos niños solo están pegados a suscelulares, entonces diremosque noqueremos todo lo material,que mejor estemos como estábamos.

Siento que aúnestamos a tiempode congregarnos, de sumarnos a la colectividad, de poder juntarnos y empezar a ver que la mezquindad que nos atosiga, puede llevarnos a mirar alto, alto hasta que alguna nube se aleje de nuestro imaginario y nosllueva a mares nuevas imaginaciones, nuevas fantasías para alejarnos un poco la vida gris y monótona de la escuela que cada uno llevamos en el alma.

 

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