Pasado, presente y futuro del conflicto EEUU vs Irán

 
El resultado más probable en el actual conflicto Estados Unidos vs Irán es la expulsión de las tropas norteamericanas de Medio Oriente y la desaparición del Estado de Israel como ‘nación judía’, para dar lugar a un estado binacional hebreo-palestino y/o multiconfesional: judío, cristiano y musulmán. No me cabe la menor duda, ni como historiador ni como periodista.
 
Todo indica que tal cosa sucederá, según la estrategia delineada por el Eje de la Resistencia que integran Irán, Siria, Yemen, Hezbolá libanés, milicias iraquíes, afganas y varios movimientos populares de la región,  anunciada abiertamente por Hassan Nasralá, líder de Hezbolá, quien expresó que atacarán varios objetivos militares estadounidenses en la región, absteniéndose de atentados contra civiles norteamericanos.
 
Pero, ¿qué es el Eje de la Resistencia? Es una entidad regional, de carácter no oficial, conformada por los movimientos contrarios a la dominación estadounidense e israelí en Medio Oriente, ocupación afianzada después de finalizada la Segunda Guerra Mundial (1945) y la creación del Estado de Israel (1948).
 
Dicho Eje considera a Israel y Estados Unidos como las dos caras del mismo enemigo que, a sus ojos, pretende apropiarse de los recursos naturales de la región mediante el uso de la fuerza.
 
A manera de antecedente podemos decir que la República Islámica de Irán es un régimen relativamente joven, ya que se instauró al triunfo de una Revolución hace aproximadamente cuarenta años, al derrocar al Sha, gobernante absoluto, aliado estadounidense.
 
Resulta preciso aclarar que los iraníes no son árabes ni hablan esta lengua; son persas, hablantes de farsí, herederos de la rica tradición histórico-cultural del Imperio que fundara Ciro el Grande hace más de dos mil quinientos años y que liberó a los judíos de su exilio en Babilonia, metrópoli que se encuentra en lo que hoy es Irak.
 
Los persas, como los chinos, los griegos o los mismos hebreos, son un pueblo milenaro, orgulloso de su pasado. Aunque adoptaron el islam como religión –en su vertiente chií, en lugar de la variante suní, que practican la mayoría de los árabes y musulmanes del mundo–, conservaron su idioma, su memoria histórica y, de alguna manera, su identidad étnica.
 
Durante los años ochentas, poco después del triunfo de la Revolución Islámica liderada por el Ayatolá Jomeini, de carácter antiimperialista, Irán se enfrentó a una guerra de desgaste con la República de Irak, gobernada por Sadam Hussein, entonces aliada de Estados Unidos. En dicha guerra, los norteamericanos e israelíes apoyaron secretamente a ambos bandos, con la esperanza de que se debilitaran simultáneamente, cosa que lograron en buena medida. Sin embargo, Irán sobrevivió y en eso consistió su victoria, puesto que salió fortalecida, no sólo por su experiencia bélica, sino porque, como sucede ante una amenaza extranjera, logró consolidar al nuevo régimen en lo interno.
 
Mientras se enfrentaban a Irak, los iraníes apoyaron al naciente movimiento de resistencia de Líbano, denominado Hezbolá, que se defendía, a su vez, de la ocupación israelí del sur de su pequeño país. El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán (CGRI) entrenó, armó y ayudó financieramente al Hezbolá libanés, del que hasta la fecha sigue siendo el principal aliado.
 
Curiosamente, el actual líder de Hezbolá, Hassan Nasralá, llegó a ser cabeza de la organización cuando, a principios de los noventas, Israel mató a su predecesor en Beirut, capital del Líbano, de la misma forma que Estados Unidos de América acaba de asesinar a Qassem Soleimani en Bagdad, capital de Irak.
 
Con Hassan Nasralá al frente, Hezbolá logró expulsar al Ejército Israelí del sur del Líbano mediante la resistencia armada, lo que constituyó una victoria estratégica en la región, pues demostró que era posible recuperar territorio ocupado sin necesidad de concesiones.
 
En 2003 Estados Unidos, gobernada entonces por George Bush, invadió Irak, en una guerra que le valió una condena mundial, pues el Consejo de Seguridad de la ONU se opuso abiertamente a ella. El pretexto fue destruir las armas de destrucción masiva, que supuestamente poseía su ex aliado Sadam Hussein, armas que jamás fueron encontradas.
 
En 2006 Israel borbardeó Líbano, destruyendo buena parte de Beirut, provocando considerables daños en el resto del país, especialmente el sur. Hezbolá –el ‘Partido de Dios’, en lengua castellana– logró frenar, de manera espectacular, la nueva invasión israelí, causando casi doscientas bajas a las Fuerzas de Defensa de Israel en suelo libanés; bombardeando, a su vez, el norte de Israel.
 
La victoria de 2006 fue un parteaguas en la región. En dicha victoria jugó un papel crucial Qassem Soleimani, ya que como jefe de la Fuerza Quds de los Guardianes de la Revolución de Irán, asesoró militarmente a los libaneses para una defensa efectiva. El año 2006 significó, además, el reconocimiento de Hezbolá, y de su líder Nasralá, como actores regionales de primer orden.
 
En la década siguiente vino la llamada Primavera Árabe, que básicamente consistió en movilizaciones masivas que consiguieron derrocar a varios gobiernos al norte de África, como el egipcio y libio.
 
Dicha efervescencia fue promovida por Estados Unidos y la OTAN para impulsar su propia agenda geopolítica. A su vez, fue aprovechada por grupos terroristas como Al Qaeda (fundado por Osama Bin Laden décadas atrás) para expandir su influencia en países como Irak, Siria y Afganistán. Sin embargo, el resultado más perturbador de esa década fue el surgimiento del grupo terrorista más sanguinario de los últimos tiempos: el autodenominado Estado Islámico, ISIS o Daesh (se le denomina de forma indistinta, en diversos medios informativos), contrario al chiísmo que se practica en Irán y, más bien, cercano a la vertiente del islam que promueve Arabia Saudita, otro fuerte aliado estadounidense.
 
ISIS-Daesh logró conquistar grandes territorios en Irák, Siria y Líbano, principalmente, donde sus elementos persiguieron a cristianos, yaziidis y a musulmanes de vertientes menos ortodoxas. Las imágenes de las decapitaciones, ahogamiento y otras torturas fueron difundidas en todo el mundo.
 
Desde el comienzo, los gobiernos de los países que integran el Eje de la Resistencia se quejaron del apoyo que Estados Unidos e Israel brindaban a los combatientes de ISIS-Daesh (muchos de ellos fueron atendidos en hospitales israelíes por “razones humanitarias”). Hubo denuncias mediáticas del propio Donald Trump, antes de convertirse en mandatario, acusando a Hilari Clinton de financiar y apoyar a los terroristas de ISIS-Daesh, con el fin de debilitar a los gobiernos opositores a la presencia estadounidense en Medio Oriente. De hecho, la campaña política de Trump en 2016 tuvo como una de sus promesas la retirada de Siria por parte de las tropas norteameeicanas
 
La guerra contra el terrorismo de ISIS-Daesh no la ganó Estados Unidos; la ganó el Eje de la Resistencia, que encontró un apoyo aéreo decisivo de Rusia a la hora de combatirlo. Los micilianos del Hezbolá libanés cruzaron la frontera siria para apoyar al gobierno de Bashar al-Assad en la defensa de Damasco, capital de Siria, a punto de caer en manos de ISIS-Daesh. Qassem Soleimani asesoró a los iraquíes de la rama chií durante la formación de su propio movimiento de resistencia, denominado Al Shabibi o Hezbolá iraquí (cuyo vicecomandante, Muhandis, fue asesinado junto con Soleimani a principios de enero de 2020).
 
Cuando los terroristas fomentados por Estados Unidos se salieron de control, el gobierno de Barack Obama decidió combatirlos, o al menos así lo anunció. Las noticias sobre bombardeos sobre supuestas bases del ISIS-Daesh, que resultaban ser unidades del Ejército sirio o Hezbolá, eran muy comunes. Siria denunció ante organismos internacionales la injerencia norteamericana en su suelo, con el pretexto de combatir el terrorismo. Rusia, por el contrario, había llegado por petición oficial del gobierno sirio.
 
En años recientes entró a escena el otro gran aliado de Estados Unidos en la región: Arabia Saudita, donde gobierna un rey, se aplica la shaira (la Ley Islámica) y de cuya nobleza procedía Osama Bin Laden; de donde eran originarios, además, casi todos los terroristas que secuestraron los aviones que se estrellaron contra las Torres Gemelas. Arabia Saudita decidió bombardear Yemen, uno de los países más pobres de Medio Oriente, luego del triunfo de una revolución. Los yemeníes pidieron apoyo iraní para resistir. La guerra continúa y ha significado un pantano para el Ejército Árabe y sus mercenarios procedentes de diversas regiones del mundo.
 
La lucha contra ISIS-Daesh costó decenas de miles de vidas; destruyó ciudades y agotó muchos de los recursos económicos de Irán, Siria y Hezbolá. Pero les dio una gran experiencia bélica y los obligó a mejorar su propia industria militar.
 
Hezbolá, que antes era una simple guerrilla libanesa, se convirtió en Siria en un ejército regular para combatir a los terroristas de ISIS-Daesh. Tuvo un par de enfrentamientos delicados con Israel (en 2015 y el 2019) que se saldaron muy favorablemente para Hezbolá, que ahora posee misiles de precisión, capaces de golpear cualquier objetivo en el Estado de Israel, el más grande aliado de los norteamericanos, y que ha establecido un equilibrio disuasorio con las Ejército israelí.
 
Durante los años recientes se ha reconfigurado el mapa político militar de Medio Oriente. El Eje de la Resistencia (Irán, Siria, Yemen, Hezbolá) no sólo es más fuerte que en toda su historia, sino que tiene a Rusia como gran aliado y a las milicias iraquíes como nuevos miembros. Por si fuera poco, parece tener en jaque a Israel y Arabia Saudita, los dos bastiones estadounidenses, al grado que Donald Trump tuvo que gritar fuerte que Estados Unidos era autor del atentado contra Qassem Soleimani, y Benjamín Netanyahu, cabeza del Estado de Israel, ha tenido que desligarse del asesinato públicamente, ante el temor de represalias.
 
Irán no requiere atacar por sí mismo las bases del Ejército de Estados Unidos, aunque seguramente lanzará algunos misiles. Basta con que sus aliados lo hagan, y éstos sí que lo harán, tal como expresaron, desde las primeras horas después del asesinato de Solaimani, el Hezbolá libanés, los movimientos populares en Irak, así como los yemeníes, palestinos e, inclusive, algunos grupos afganos.
 
Próximamente se producirán ataques de precisión en contra del Ejército de Estados Unidos en Medio Oriente. Éstos, inclusive, podrían durar semanas. Mientras Israel no se involucre, Hezbolá no la atacará. Pero si el gobierno de Netanyahu decide participar activamente en el conflicto, atacando algún objetivo iraní o libanés, Nasralá no dudará en ordenar el contragolpe, capaz de sacar a Israel de la jugada. Hezbolá o Irán inclusive podrían atacar Israel en caso de que los estadounidenses respondan de manera desproporcionada.
 
Arabia Saudita tampoco podrá involucrarse como aliado estadounidense. En caso de un paso en falso, el Ejército de Yemen, que hace pocos meses le golpeó en varias refinerías, paralizaría severamente su industria petrolera.
 
Tanto las guerrillas de Yemen como de Líbano han sido armadas por Irán. Ambas poseen misiles de precisión y una sólida experiencia militar. Ello constituye su valor estratégico.
 
La guerra que veremos en los medios tal vez no sea una guerra convencional, e Irán no pretende que así sea. La fortaleza del Eje de la Resistencia reside en su capacidad de emprender una lucha irregular, también llamada ‘guerra asimetrica’. Poco importarán las bombas nucleares que poseen Estados Unidos e Israel, pues no será una guerra existencial, sino una meta lucha antiimperialista y anticolonialista, la primera de envergadura en el nuevo milenio.
 
Irán y la región será el nuevo Vietnam de Estados Unidos, que no tendrá más opción que retirar sus tropas de la zona, si no desea involucrarse en una guerra de desgaste económico, militar y mediática.
 
Donald Trump está portándose como matón de barrio. Ha declarado estar dispuesto a ordenar un ataque contra sitios culturales persas, Patrimonio de la Humanidad, cosa que la UNESCO y todos sus aliados han aborrecido. La cúpula gobernante iraní, en cambio, se ha portado con mayor mesura, declarando que tiene como objetivos, únicamente bases militares y su personal. Sin embargo, Irán tiene capacidad de agredir ciudades norteamericanas, en caso de que el ejército estadounidense responda equivocadamente.
 
Cuando este episodio termine, el escenario será obscuro también para el Estado de Israel, que se verá relativamente aislado. Seguirá siendo un Estado reconocido internacionalmente –pues su existencia la garantiza su arsenal nuclear– pero muy probablemente tenga que hacer concesiones históricas a los palestinos, como la igualdad plena entre ciudadanos judíos y los de otras denominaciones y etnias. Cabe la posibilidad de que Israel y la Autoridad Nacional Palestina conformen un Estado binacional y/o multiconfesional.
 
¿Quién ocupará el vacío de poder que dejen los estadounidenses? Tres grandes actores: primeramente, Rusia, cuyo presidente, Vladimir Putin, aterrizó en Siria este 7 de enero para ayudar a buscar soluciones (obviamente, el mensaje que está enviando es que los países que integran el Eje de la Resistencia pueden ver en él a un aliado de confianza); en seguida, China, que hará lo propio en materia económica, inyectando grandes sumas de dinero, a cambio de petróleo, para la reconstrucción; y, finalmente, Irán, que se consolidará como potencia regional, ahora en condiciones de negociar con Europa y sus nuevos aliados.
 
El error garrafal del presidente de Estados Unidos fue subestimar la capacidad iraní y los movimientos de resistencia en Medio Oriente  Lo pagará muy caro, y el planeta será testigo del fin de la hegemonía estadounidense en la región, así como del resurgimiento de un mundo multipolar, cuyos principales actores serán Estados Unidos (perder frente al Eje de la Resistencia, no le impedirá continuar siendo una superpotencia), Rusia, China y Europa, a nivel global, con potencias menores como Irán, Turquía e Israel a nivel regional.
 
En esta nueva aventura militar estadounidense puede que hasta veamos fracasar el intento de Donald Trump de reelegirse. Así de grande fue el error de asesinar a Qassen Soleimani, héroe iraní y uno de los militares persas más importantes desde los tiempos de Ciro el Grande.
 
Por Gubidxa Guerrero Luis
Historiador y periodista
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