Letras floridas, hilos escritos / Víctor Fuentes

En algún instante de mi pasado, las letras se impregnaron en mis ojos, estos ojos recorrieron letras bajo una mirada llena de casualidad, ella. NaTia, una mujer menuda, de exquisito hablar, no despegaba jamás los ojos de una cosa negra, forrada de piel viva, de tanto usarlo se fue desgastando en los  bordes, en el lomo, me daba tanta tentación saber que era lo que lo hacía que mi tía Tia, no lo abandonara por nada, aún más por lo que contenía.

El libro forrado no era más que una biblia, mis ojos se posaron sobre las letras diminutas, si leí, ahora no me acuerdo qué fue lo que pudieron leer mis ojos. Así era todo los días, a cualquier hora la mujer no dejaba el susodicho libro, hasta para dormir lo tenía cerquita, de tantas veces que la pude contemplar, me dejó un halo de misterio para escudriñar las palabras impresas, si bien no me interesé en las cuestiones bíblicas, sí me acerqué a los libros gracias a dios, por ella.

En una caja guardaba, sobre el tapanco de la cocina, ahí mismo donde le ponía limón a mi taza de café, si no usaba la mano derecha, al menos para beber este líquido. La amargura de la reprimenda yel café, perdía su acidez cuando descubrí que la caja de cartón contenía libros de diferentes tamaños, revistas y folletos. De uno de tantos tomé un libro de pasta naranja oxidada.

Cuando lo abrí, vi grupos de palabras dispuestas en dos líneas, algunas de tres. Cada grupo estaba dividido por tres asteriscos. Así, hasta acabar todos las páginas del libro de pasta naranja, leí o mejor dicho deletree con intento de una lectura fluida, estaba en cuarto grado de primaria y todavía las palabras se negaban recorrer mi garganta, hacer de mi boca su casa, leo pausado, aun así, supe que estas palabras eran alabanzas, líneas tan bien pensadas para acercar a dios a los paganos.

Y yo, no caí, en cambio tomé mi lápiz de punta bien afilada, registré en mi cuaderno de doble rayas, todos los títulos que me gustaron, los copié con las manos sudorosas. Temeroso de que NaTia, llegara yme diera una tunda con trapo mojado como sabía hacerlo tan bien.  En los ratos de soledad, o en compañía de una amiga, por cierto, ellamuchomayor que yo, le mostraba mis letras, una vez que el fierro sonara para el recreo, ella y yo nos alejábamos a cortar guie’ se’. Ya sentados entre los matorrales con mucho orgullo leía mis versos, al terminar le decía:“No son para ti, son para mi amante enel futuro”.

Quizás estos ratos de lectura, quizás el constante deseo de saber que las palabras son intrínsecamente benévolas, encontré orgasmos en este camino, encontré una sed que no remedo. Y creo que jamás lo podré contener, ellas, las palabras se han ido multiplicando a lo largo de mi vida, con ellas lloro, invoco, imploro.  Y quizás con ellas pondré en papel mi obituario también.

Entonces pensé una analogía que me trae aquí esta tarde, tarde noche. De seguir acordonando las palabras, y la hermosura que las manos de nuestras madres crean, que las manos valientes de nuestros padres hacen florecer en cada lienzo, como sabios pintores. Ellos han encontrado en las flores vivientes de los zapotecas. En ellos dejan retazos de vida que se hilan.

Pensé que bordar e hilvanar flores equivale a destejer el corazón, vaciar el alma como si fuera jícara de agua esparcida al aire, liberar la cabeza hasta que sepa guiar las manos que hagan estallar en colores, en hilos floridos todas las emociones y pasiones humanas.

Como sí las palabras pudieran saciar las nuestras, ojalá las haga por momentos, por instantes, bien que lo saben y lo merecemos, ellas a fuerza de estar bordadas permanecen vírgenes en el alma solitaria, en el alma quejumbrosa, por eso pensé llenarlas de colores como un espíritu indomable, al que siempre hay que atar, y en ese intento de contenerme me descontengo.

Cuando todos estemos dispuestos a bordar estas delicias que nos ocurren, estas deliciasque nos van marcando como las iniciales marcaban los ganados de mi tía Tia, ganados que le daban leche, que le daban dolores de cabeza, cuando los tenía que ordeñar, e incluso herrar. Y a causa de esa patada, ella cojea, cojea hasta ganar una silla, y botar el  bastón. Ganados a bien ganados por difundir la palabra de dios, en los creyentes,en los devotos,y en los cientos de incrédulos que se le escapó de las manos de dios. Como -yo-.

 

Víctor Fuentes

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