Cucharadade palabras/ Víctor Fuentes

La palabra, es quizás la fuerza que pervive, es la materia principal que discurre en el trabajo de las mujeres sanadoras, podrán usar el recurso insospechado, el líquido, la poción o cualquier otro elemento dela naturaleza a su alcance, pero la palabra destaca, es el medio para introducir el aliento en la persona curiosa, enferma o agonizante.

En la comunidad que sea, muchas personas especialmente mujeres, destinan parte de su vida a sanar  a otra. Y el medio es la palabra, lo que hace Na Juana Gas, conmigo me remonta a indagar y hacer cuestionamientos hasta dónde es posible el alcance de la palabra, o esta nos sirve para aliviarnos del dolor, de la pesadumbre, de la nostalgia.

Puse mi sanación en manos de ella, solo le dije que tenía dolor en el estómago, y eso me provocaba una diarrea incontenida. Así pasé toda la madrugada y seguía el dolor persistente y que ya no tenía líquidos qué evacuar. Sonriente Juana Gas, con los años que lleva encima y una mano desviada. Escuché de ella misma diciéndome: fue por un accidenteque tuve, llovía esa tarde y salí corriendo dela cocina a la casadel santo, ahí fue que resbalé ysembré mi mano para no caer como tronco, pero mira enchueque mi mano.

Me enseña su mano que ya había visto cuando acercó el vaso de atole de arroz, tibio, listo para beberse. Antes de ingerirlo me detiene, pregunta mi nombre y me dice que hará una oración  para mi pronta recuperación.

La escuché atento, sentía que cada palabra penetraba en mi cuerpo, ellas como una gota de lluvia me recorrían de pies a cabeza, me concentré en sus palabras, lo dijo todo en español aunque Juana, habla zapoteco. “Cuida el cuerpo de Víctor señor, pongo mi mano y tu haz de él lo que se merece, ten el cuerpo de Víctor, líbralo de los malos aires, dela gente que le está haciendo daño, sana a Víctor señor, túpadretodo lo puedes,túconoces la necesidad de Víctor. Por eso señor, tedamos gracias, te pedimos señor en toda tu gloria, ayuda a sanar muy pronto padre a Víctor”.

Una vez ejecutada la súplica, me dejó beber el atole, que rápido batió en una licuadora, le  puso canela y lo acomodó sobre su parrilla que le sirve de fogón, esperé que hirviera sentado en su mesa con mantel de tela azul cobalto, luego vi que lo retiró de la lumbre. Con una jícara más lo vertía en vaivén formando una cascada, lo templó al aire y para no manchar su piso de tierra se acomodó en un lavadero de cemento.

Mientras bebíarecordé toda esa atención paramí, me sentí lapersona más importanteque jamás  ha sentido tantos mimos, se me escurrió algunas lágrimas y el bochorno acaparó mi cuerpo, sudé terriblemente y Juana Gas, me veía sindecir ninguna palabra, cosa extraña en ella, mujer de  palabra dispuesta, a flor, es su mejor don. Es una excelente conversadora. Miré con extrañeza su silencio. Hasta me ofendía.

Al terminar ledije que había sudado tanto, sarcástica comentó:“Ngangacabidxabanásalii. Maguladxinulaaca/ Esos son los demonios que te apresaba, lohemosahuyentado. Ysonrío de nuevo.

Personas como Na Juana Gas, enamoran con el trato, infunden optimismo, buena vibra. Te hacen posible el sueño. Es para mí una verdadera fortuna dar con ella. Ella me procura el almuerzo día a día en la comunidad de Chicapa de Castro.Dar con ella me hace pensar en una posibilidad de reencontrarme conmigo mismo, con la posibilidad y don de sanar con el arte de la palabra.

Me recuerda los cantos “sagrados” de María Sabina, en lengua mixteca. Me remonta en la historia nuestra de invasión, y este misterio que se va disolviendo con el paso de los años. Esta oración realizada por Na Juana Gas, tiene claros tonos de una fe, pero que yano es la católica, sino  venida de una protestante, pero es la misma relación de adoratorio, de saber que existe un ser superior a uno o mismo,  quizás esto se siga manteniendo por siempre, y se transforme, se perpetúe o tal vez  encuentre nuevas maneras de sanarnos con cucharadas de palabras, nuevas palabras.

 

Víctor Fuentes

 

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