Totopo de ajonjolí en Comitancillo, creación de la señora Roselia Santos.  

#SanPedroComitancillo 13 Jul (#Istmopress) – De la preocupación generada por la esperada temporada de lluvias,  que se convirtió en sequia severa por mayo del año 2015 y el 2016, dejó a San Pedro Comitancillo en la desgracia. Así pasó de ser el principal productor de ajonjolí en la región a puesta en las miras de las Zonas Económicas Especiales.

El esposo de la Señora Roselia Santos Villanueva, era uno de los campesinos que  trabajaba el ajonjolí, al dejar de hacerlo en gran escala, pasó a cultivar un terreno. “Pero la vida ofrece oportunidades” dice ella.

Como toda mujer istmeña Na Roselia, aprendió a hacer tortillas desde niña, después ya casada (en dos ocasiones) aprendió hacer los totopos, esta sabiduría la llevó a crear  los totopos con ajonjolí que su marido producía. Sin darse cuenta resultó una creación que ha gustado a tanta gente.  

“Saqué mis fuerzas de donde pude para ayudar a mi esposo (en realidad no nos casamos,   solo nos juntamos y es el segundo) con el primero tuve cinco hijos, uno es varón, las otras mujeres y con este nacieron cuatro hijas, todas han estudiado y nadie aprendió  hacer tortillas siquiera”. Me dice muy acongojada.

“Aprendí a preparar las tortillas de ajonjolí, y lo ofrecía a mis vecinos, luego me atreví a ir a venderlos al mercado, poco a poco me los pedían, el maestro Cuauhtémoc, le digo maestro Temo, el tenía una radio, me ayudó a vender mis totopos, hasta que un día me conoció la maestra Socorro Toledo, de El Espinal, que es amiga del maestro, quien sabe cómo es que son parientes, o sus familias se casaron o algo así”. Hace una pausa y me invita a entrar en la cocina.      

Ahí adentro me muestra la olla del horno con la braza todavía candente. “Ella (se refiere a la maestra Socorro) vino a buscarme y me sacó en el libro de las cocinas, de las cocineras tradicionales del istmo. Para ese año yo ya andaba probando otros tipos de totopos, con sabores de mantequilla, con coco y así le fui buscando para ayudar a mi familia”.

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“Con el terremoto del año 2017,  me quedé sin cocina, solo me ayudaron con un horno,  pero no aguantó el calor y se desbarató, luego se casó  una prima y ayudé a preparar el estofado, ahí me regaló  su mamá la olla, es la que tengo de horno, esta cocina que vez esta así medio tapado. La otra se calló con el temblor”.

Señala el lugar en un tramo del terreno de su propiedad, y continua “acá es que hago  mis totopos de varios sabores, de esta olla sale mil pesos cada vez que lo trabajo. Los totopos me dicen que están ricos, y les gusta que sean de sabores, hasta ahora tengo  creado nueve sabores”.

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Me enumera los sabores siguiendo el conteo con sus dedos “tengo de ajonjolí, coco, nopal, frijol, de semillas de calabaza, mantequillas, de ajo, epazote, camarones”, termina de contar y me ofrece uno para probar. “Poco  a poco les fui agregando algo a algunos les pongo sal o dulce, salen combinados entre salado y dulce o puros. Vendo por todos lados, con la pandemia envío a otros estados, me lo piden a tiempo y hago paquetes de nueve sabores, todos lo que ya te dije”. Termino de degustar el totopo, y ella entusiasmada abre la alacena que en otro tiempo fue un enfriador. De ahí extrae los que me venderá.  

Me comenta también que algunas vecinas y otras señoras de la comunidad le han seguido los pasos, o las manos, “ahora” me dice “también otras mujeres, van a Juchitán, a Ixtepec  a vender,  yo solo vendo acá y los envíos que hago, me da gusto que ellas, también sigan  mi ejemplo”.  

En realidad estos totopos deshidratados y agregado de sabores son una delicia, el costo se vuelve insoluto cuando los saboreas, me cuenta además que el maestro Cuauhtémoc,   cómo disfruta de solo dos totopos de ajonjolí y se toma su taza de chocolate, la llama por teléfono para decirle que justo en ese momento está saboreando su delicioso totopo. Sonríe y me contagia de su risita.

Me despedí de ella, hubiera querido abrazarla fuerte, ella también, nos limitamos a ese saludo estilo COVID. Me traje una dotación de totopos, algunos los hemos comido en casa, otros los hemos compartido entre los vecinos y familiares, otros más en momentos solemnes, estamos muy contentos de saborear este esfuerzo creativo por las manos de la señora Roselia Santos, ojala siempre existan milagros creativos cada día en nuestras delicias culinarias.

 

Víctor Fuentes

Nota: Agradezco a Rocío Cabrera Osorio, por las facilidades que me brindó en conocer a su tía, mujer amable con quien conversé, hasta lograr la cita para la entrevista. Agradecimiento sincero a las dos.  

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