Na Emilia “Pan dxiña”, la curandera de empacho desde hace más de 50 años  

 

*Es una enfermedad popular que afecta principalmente a niños y niñas

 

#UniónHidalgo 12 Oct (#istmopress) – Emilia Ordaz  con sus manos y sus remedios caseros cura el empacho, una enfermedad popular que en zapoteco lo llaman “Gucuaa ladxido’” y que desde hace más de 50 años practica como forma de vida  en su tierra zapoteca de Unión Hidalgo.

 

Según la Biblioteca digital de la Medicina Tradicional Mexicana el empacho es una enfermedad que se presenta principalmente en la población infantil, y se caracteriza por diversos trastornos digestivos, ocasionados por la ingestión de determinados alimentos y sustancias no alimenticias, que se “pegan” en el estómago o en los intestinos, causa vomito o diarrea.

 

En esta región de Oaxaca, las curanderas de empacho son consideradas sagradas,  a pesar de que muchos padres  llevan han optado los médicos alópatas, esta tradición todavía sigue viva y mujeres como Emelia ayudan a sanar este  padecimiento.

 

Todas las mañanas se encomienda al Sagrado Corazón de Jesús, imagen religiosa  al que le pide sabiduría para curar a los niños y niñas, también acomoda su cama, coloca sabanas blancas  y mientras espera a sus clientes teje su cinta de palma, por que también es artesana.

 

A sus 79 años de edad  Emilia luce fuerte, y aunque su piel se ha desgastado por la edad, su corazón es alegre y siempre está sonriente, a los niños que llegan les habla dulcemente que  de inmediato se los gana.

 

A ella la  conocen como “Emilia esposa de Ta pan dxiña” y heredó este oficio desde su corta edad, inclusive antes que se casará porque su hermano quién es menor que ella  estuvo a punto de morir por padecer de empacho y fue una mujer sabia, la misma que curo a su hermano, quién le enseñó.

 

“A mi hermano Jorge lo curaron, fue algo tan raro y mágico que me gustó, vi como la señora con sus manos al tocarlo iba mejorando, llegó moribundo y al salir ya iba con más ganas y fuerza, me sorprendió y decidí aprender para seguir ayudando a más personas, sin saber han pasado muchos años”.

 

Para curar el empacho Emilia hace un ritual, toma de las manos al paciente y frente a la imagen religiosa del Jesús Sagrado Corazón le pide que la guie, posteriormente se acuesta y con sus manos  le frota pomada de manzana en su estomago  con mucha  firmeza sin lastimar.

 

En la espalda hace unos  círculos oprimiéndola especialmente en la  columna, a veces se escucha que truena y es cuando de su boca exclama ¡Ya tronó! … ¿Escuchaste? Y de inmediato aparece la sonrisa.

 

Esta es la primera parte de la cura del empacho , después con sus enseres personales que son una taza y una cuchara, Na Emilia prepara  un aceite que contiene polvo de magnesio que ya mezclado se convierte en color blanco, y sorbo a sorbo se lo da  a beber al niño o niña hasta terminar la mezcla.

 

El llanto de los niños es imposible no escucharlo, pues el no estar acostumbrados  con estas practicas hace que se desesperen y quieran abandonar la casa de Emilia, pero con la ayuda de sus papás se controlan.

 

Llegan de todos lados, inclusive de pueblos vecinos a su comunidad o de otros estados de la república, a nadie le niega la atención inclusive si llega en la noche o en la mañana, Emilia los recibe plácidamente, para ella no es un oficio es una forma de ayudar que seguirá haciéndolo hasta que tenga vida.

 

Además de recomendar alimentarse de comida blanca como caldos y beber atole de maíz , Na Emilia le indica al paciente que deberá tomar su té de manzanilla durante dos días debido a que su estomago todavía permanece delicado.

 

El pago es voluntario, algunos le dejan 50 pesos y otros más, todo depende del paciente, para Na Emilia lo importante es que exista mejoría.

 

“Cuando el paciente se va me entra un alivio, porque la persona mejora su vida, y esa es mi paga, aquí no cobramos mucho, sino es voluntario”.

 Las hijas de Na Emilia,  Carmen Juanita López Ordaz   también aprendieron  a curar del empacho y quieren seguir curando como lo hace su mamá porque ven como los niños y niñas llegan con ojos tristes y se van sonriendo.

 

  Diana Manzo / Agencia IstmoPress
 
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