Lengua de humo y fuego

#Juchitán 22 Ago (#Istmopress) – Por la tarde noches o por la madrugada un horno estrenado a casi dos años del terremoto de 2017, el primero de agosto sacaba humo por todos lados de la improvisada cocina, en estos días de agosto el humo ya es suave, a veces despide aroma a granadillo, leche maría o a caoba, en otras ocasiones llegan todos los olores a beela doo/ carne de cerdo, a cabeza de res orneada, pescado seco o fresco, o a plátanos al horno.

La mujer es una espigada, a muy temprana edad ha perdido algunos de sus dientes, es madre de dos hijas y dos varones. Parece que los parió a todos juntos, los separa un año o menos de edad, todos ya son de mayor edad. La primera esta casada, y la segunda está en esos pasos, uno de los varones se fue del pueblo, y el ultimo hijo prefirió las labores del campo y la vagancia, aunque en ocasiones le gana más lo último.   

La mujer espigada trasnocha o madruga para tener los frijoles refritos, temprano desde una alta voz se anuncia los guisos y todos los señores y vecinas pronto rodean el fogón, se llevan los guisos, y las tortillas, esto es así, al menos cuando la salud de la señora esta estable.

Preocupado un poco por su salud, y los días que se prolonga la ausencia de trabajo, le sugerí a la hija casada por qué no aprende ella misma hacer las tortillas, me responde con un tajante no, que me dejó pasmado. Un no, que me resuena en la cabeza, para salir del paso le puse un ejemplo de un señor que llegó al pueblo con esposa y cuatro vástagos, la mujer se fue, y él es quien ahora hace las tortillas y es quien mismo sale a venderlas. Va de casa en casa o a domicilio de quien se las pida, ahí va con una bolsa y pedaleando hasta hacerlos llegar.   

No tuve respuesta alguna, la joven desposada me dejó ver que éste, lo hace por necesidad, tiene la responsabilidad de alimentar cuatro bocas más la suya propia. De ahí que no le queda que aprender y saber meter las manos al horno.   

Mi preocupación radica en que si aprende podría ayudar primero a su madre, y sustituir la ausencia de estas tortillas calientes a sus clientes, entre los que me encuentro. Pero han pasado ya varios días del suceso y ahora me he puesto a reflexionar y pensar, quizás hasta dejar de preocuparme vanamente. 

El deseo mío está lejos de complacerse, no hay necesidad en ella, y cuando las cosas no pasan por necesidad se pueden obviar, no hay una necesidad que la cocina tradicional prevalezca, el saber comunal de los pueblos no esta valorado. Saber hacer y sobre todo tener el contacto directo con el horno a braza fundida, no es cuestión de gusto, esta asociada a la necesidad, a la pobreza, a hacer lo último que le queda por ser pobre.

En este sentido, estos saberes han sido desprestigiados, deslegitimados e incluso usurpados y puestos en una jerarquía inferior como saberes de pueblos “atrasados”, “subdesarrollados” o “primarios”, y en el mejor de los casos han sido denominados como “folklore”.

Casi todos los saberes de este tipo pasan por este tamiz, este correlato de los necesitados. Porque entonces, no se piensa en la riqueza que puede representar este trabajo, como justo promotor de fuente de trabajo, que genera bien material y está asociada a la cultura ancestral de los pueblos de México. Teniendo como base principal el maíz.

Si se pudiera no solo valorar entre los pobladores sino también en las instituciones podría generarse nuevas maneras de relacionarnos y dialogar entre los sabres y lo que podría ocurrir si se tomara conciencia de la importancia que representa este saber hacer en la elaboración de las tortillas de horno.    

Todos podrían aprender sin distinción de sexo y edad, todos podrían conocer sin prejuicios lo esencial de este oficio, crear toda una cultura que redefina el saber, o preserve e incluso permita su innovación, lejos de solo pensar en la automatización de este oficio, como sucede con las máquinas para hacer tortillas, y que gran parte de la comunidad consume.

Mi interés, de qué pasará, el día, que la mujer espigada ya no este, o en los casos en que la madre solo tiene a puros hijos, es inevitable que este enorme potencial, se irá junto con ellas. Sin duda urge otra mirada sobre lo que nos circunda de manera cotidiana. Por hoy estoy satisfecho, desayuno tortillas crujientes, pescado horneado y su chilito, con frijoles recién fritos. Les deseo buen provecho a todos.   

Víctor Fuentes  / Agencia de Noticias IstmoPress

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