¡Hasta Explotar!… Gotha y su arte en el cuerpo humano

#Juchitán 11 nov (#Istmopress) .- Innovar es una de sus pasiones pero hacer arte más, autodidacta y creativo es Gotha, un artista multifacético que ha llevado su arte hasta explotar, ese es su lema, que todo lo que realice logre trascendencia social, su nueva pasión es hacer arte en el cuerpo humano a través de “Tatoo, Área 971”, su espacio.

Del grafitti que tanto le apasiona ha logrado trascender al óleo y ahora al arte de la piel -el tatuaje- así lo describe porque asegura no es solo pigmentar la piel a través de dibujos sino hacer de un dibujo simple, una obra de arte que deje huella por siempre.

Gotha es originario de Juchitán, es un artista de origen zapoteco que ha revolucionado con lo que ha hace, fue pionero en el Istmo de Tehuantepec con el grafitti a través de un homenaje a los abuelos en bardas de casas tradicionales junto con su colectivo “El chiquitraca” y actualmente realiza el arte de la piel.

En Juchitán existen alrededor de 30 tatuadores, quienes han convertido este arte en su pan de cada día, y aunque saben existe aún la discriminación y el tabú, Gotha reconoció que los jóvenes son sus principales clientes.

Hace 8 años como forma de distracción comenzó a visitar un espacio donde se realizaban los tatuajes y al paso del tiempo observó los movimientos del tatuador, detalles y formas; lo que quiso hacer como hobbie, actualmente es su forma de vida.

Su primera prueba fue elaborar un cristo y la leyenda “Rey de Reyes” sobre la piel de uno de sus tantos amigos, reconoció que no fue fácil debido a que su aprendizaje había sido a través de la observación, paso con éxito la obra de arte y de ahí comenzó a elaborarlos con mayor frecuencia.

Sin contar con un estudio propio, su maleta negra era su aliada, casi a diario lo buscaban para tatuar, y a pesar de que Gotha se resistía a formar su estudio por que todo su tiempo lo enfocaba al graafitti, hace tres años lo logró.

Su estudio, “área971” es un ambiente confortable, las escaleras te obligan a mirar cuadros, oleos y todo lo relacionado con el ambiente artístico.

Ya no hay pinceles sino agujas, los pigmentos están resguardados en un lugar adecuado, la cama y el sofá acompañan al estudio sin olvidar el espejo, el cual ha sido compañero de muchas y muchos antes y después de tatuarse.

El estudio aguarda diversas experiencias, algunas de risa y otras de dolor. “Algunos lloran, otros gritan, otros cierran sus ojos, sus puños, en fin, la gente se transforma, algunos me dicen que siente como si las hormigas les picaran o las abejas, o si les cortará un bisturí o pasará un cerillo, otros simplemente se callan, no hablan, este arte es único, los sentimientos están a flor de piel”.

Gotha ha tatuado aproximadamente a unas mil personas, son obras diferentes, ninguna se repite y son las mujeres entre 18 y 27 años las que más acuden a realizarse un pigmento definitivo, las flores y mariposas son sus dibujos favoritos.

Los hombres en cambio llegan de todas las edades, principalmente 18 y 40 años, quienes prefieren tatuarse en zonas escondidas como las costillas, la medida común es de 3 a 20 centímetros.

Mientras delinea cada trazo y rellena de color otro, Gotha cuenta sus sueños con sus clientes, les cuenta de cómo aprendió el arte y también habla de sus momentos de ocio, de la vida de Juchitán, del grafitti, de la violencia y hasta de su lengua materna, el zapoteco.

Pintar en cuerpo humano ha sido un reto enorme para Gotha, porque no se puede fallar, no hay corrector alguno que borre un dibujo o un trazo, la disciplina y la precisión son sus principales armas.

El artista considera que el tatuador no solo pigmenta la piel , sino es un artista completo, porque crea el dibujo, ninguno debe ser parecido, mezcla colores, define trazos, ilumina y le deja su sello final.

“Considero que los clientes que asisten al estudio desean irse aunque dolidos de tantos piquetes (ríe) con una obra bien realizada, no algo que haya salido a medias, sino una obra de arte, el tatuaje es como una sensación de herida que significa felicidad o tristeza”, detalló.

El tatuar para Gotha es tener disciplina y precisión, no se permite errores porque no se trata de texturas artificiales, sino la natural, la piel.

“Me gusta que la gente llegue y proponga sus ideas y juntos logremos lo que quiere, algunos ya traen su propuesta y lo hacemos, recuerdo mucho que un joven llegó y le tatué la imagen de una Virgen, nos tardamos diez horas, pero fue grato ver el resultado, mucha gente me quiere por lo mismo”, expuso.

En los tamaños y figuras se rompe el género, sin embargo los trabajos pequeños que oscilan entre 3 y 20 centímetros son los favoritos de la clientela de Gotha.

“Tatuar hasta explotar en eso estamos innovando, el arte en el cuerpo humano, un arte preciso, responsable, sin tabús y trascendental, propositivo y en rescate de nuestra cultura zapoteca, eso es el legado que quiero dejar con lo que hago”, relató.

Gotha también tiene un sueño, que su hija que actualmente tiene solo diez años también sea tatuadora y le pueda heredar su arte, su técnica su ser y todo lo que ha logrado por ser un gran artista.

Entre sus próximos proyectos está presentar a través del tatuaje una obra de arte relacionada con la cultura zapoteca que incluya la gastronomía como la iguana, el camarón, el armadillo y el totopo.

 

Diana Manzo/Agencia de Noticias IstmoPress

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