En la música no hay limitantes, solo amor: Oscar y su candela

 

 

#Juchitán 22 Nov (Istmopress) A los cuatro años de edad, Oscar Robles Sánchez, dueño de la agrupación  musical “Oscar y su candela” quedó paraplejico  a consecuencia de la poliomelitis;  pero nada le impidió lograr sus sueños y desde una silla de ruedas ameniza todo tipo de eventos sociales, toca su piano y canta como lo ha hecho desde hace 40 años.

 

Oscar trae la herencia musical desde el vientre de su madre; su padre  y toda su familia son músicos en su natal Juchitán Oaxaca;  es hijo de Marcos Teodoro Robles Nicolás  quién fuera dueño de  “Los Comandos” una  de las agrupaciones más representativas del Istmo de Tehuantepec y es sobrino del reconocido músico zapoteca,  Don Carlos Robles.

 

“En la música no hay limitantes, solo amor” dice Oscar mientras se prepara para amenizar  la fiesta de  cumpleaños de Elsa Morales, quién lo contrató para deleitar con su voz y su música a sus invitados.

 

Así como toca un son regional también interpreta boleros, cha-cha-cha, salsa, cumbias y hasta norteñas. Oscar ha hecho con su talento y su teclado que la música sea inclusiva y no limitante.

 

Se desplaza solo, aprendió a cocinar , vestirse y hasta manejar mototaxi para poder obtener un segundo ingreso económico, la vida de Oscar no ha tenido limitantes, es un ejemplo a seguir.

 

A los 8 años de edad aprendió a tocar el teclado y a los 14 años comenzó a tocar en “Los Comandos” primero lo hacía apoyado de una silla  estática o a través de una bicicleta tipo “vagabundo”, fue apenas hace 15 años cuando decidió romper todo tipo de prejuicios y adquirió una silla de ruedas.

 

Vivir con una discapacidad que no fue de nacimiento ha sido difícil de entender para Oscar, pues durante sus primeros cuatro años su vida era normal, además sus vecinos y amigos muchas veces se burlaban diciéndole “Cojo, cholenco e invalido”

 

Oscar recuerda que para desplazarse en su niñez “Se arrastraba por el piso y hasta jugaba futbol que es una de sus pasiones” y eso provocaba risas que le dolían en el fondo de su corazón. “Nadie está preparado para ver a un discapacitado, y en esos años, me refiero hace 40 años  donde no había sillas de ruedas, entonces me arrastraba por el piso, me daba pena, coraje porque veía a mis amigos correr  y jugar futbol y yo lo hacía pero con dificultades”.

 

El apoyo de sus  amigos ha sido invaluable para este músico, porque le han enseñado a valorarse, amarse y no depender de nadie, desde su vivienda donde habita solo después de una ruptura matrimonial realiza todas sus actividades tanto personales como musicales.

 

Cuenta con todo su equipo musical y en cada evento se organiza con anticipación, y aunque asegura que las “tocadas” ya no son como antes de muchas, todavía lo contratan para amenizar fiestas y cumpleaños.

 

La discriminación le ha tocado a Oscar pero ha sido superable, no le hace mucho caso a la gente que le dice que mejor se vaya a dormir a su casa  y que deje de tocar.

 

“Amo tocar, amo la música y he comprendido que así como el deporte no tiene limites, aquí comparto mi tiempo practicando el teclado y cuando puedo también manejo mi mototaxi, considero que la vida es bonita y feliz a pesar de las condiciones de vida”.

 

Oscar tiene todavía sueños por cumplir en la música y en su vida personal, es padre de dos hijos y desea heredar a sus nietos el amor por este arte que es la música y que asegura no tiene limites.

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Diana Manzo / Corresponsal Istmopress

 

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