Damnificadas de Juchitán padecen de lluvia en refugios temporales

#Juchitán 19 Junio (#Istmopress).- En un pequeño espacio de 4 por 3 metros Rosa Aurelia Santiago Castillo damnificada de la séptima sección de Juchitán junto con su mamá y su hija de 17 años viven desde hace 9 meses, su casa colapsó y desde entonces ha aguantado los vientos fuertes, el calor excesivo de más de 40 grados y ahora las lluvias que desde hace tres días han caído fuertemente , está desesperada porque no recibió folio de Sedatu y tampoco tarjeta de Bansefi de apoyo para la reconstrucción de su vivienda.

Una lona roja con algunos cuantos hoyos cubren el refugio que tiene unas tablas que la protegen de sus paredes, el piso es de tierra y está mojado por el agua que cae, dos camas están dentro del espacio además de un ropero y unas cuantas cubetas de plástico que acumulan el agua que cae de la lluvia.

Rosa Aurelia es ama de casa y madre soltera, su mamá es viuda y también vive con ella, las dos se dedican a elaborar tortillas de maíz en su horno de comixcal que hace apenas un mes lo reconstruyeron para obtener ingresos porque tampoco recibieron apoyos que otorgó la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI).

“En las noches se ha vuelto difícil dormir porque la lona que cubre el refugio tiene goteras y se nos cae encima, lo que estamos haciendo es colocar cubetas y plásticos como recipientes, por fortuna ninguna de las tres nos hemos enfermado”, dijo.

“Llevo 9 meses viviendo bajo un refugio temporal de techo de lona que la sociedad civil nos regalo, aquí hemos pasado nuestros días después del terremoto, pero la lluvia está por llegar y no hay a donde meternos, mi mamá su casa también colapso y apenas está reconstruyendo porque los materiales y la mano de obra siguen aumentando más del 50 por ciento de su costo, ahora un albañil cobra 500 pesos el día y un ayudante en 300 pesos”, refirió.

Rosa ve pasar los días, han transcurrido más de 270 días sin un techo, la desesperación se apodera de ella y también la tristeza, por las noches llora de impotencia porque no tiene dinero como reconstruir su casa, el material para reconstrucción cada vez aumenta de precio, y es caro.

El hermano de Rosa es quién le provee de apoyo económico, pero no lo hace siempre sino de vez en cuando, y para sobrevivir realiza actividades fuera de su casa como vender o limpiar, porque no le queda otra opción.

Sin un empleo formal ve duro poder reconstruir su casa, su única fortaleza son sus manos, con las cuales para obtener unos cuantos pesos a veces lava ajeno o ayuda a su mamá a vender bocadillos casa por casa.

 

Diana Manzo/Agencia de Noticias Istmopress

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