Concluye ciclo de ayuda de las cocinas comunitarias de Toledo

#Juchitán 15 Enero (#Istmopress).-El próximo martes 16 de enero las 45 cocinas comunitarias impulsadas por el artista plástico Francisco Toledo que dieron alivio de alimentos a los damnificados del terremoto del 7 de septiembre concluirán su ciclo de ayuda después de cuatro meses.

La nostalgia es el principal sentimiento que invade a los 46 voluntarios integrados por mujeres, jóvenes, adultos y niños quienes durante día y noche dotaron de alimentos y verduras a las cocinas comunitarias que fueron organizadas por mujeres zapotecas.

El tequio, la solidaridad, el amor y la cultura gastronómica fueron los principales elementos que acompañaron durante más de 120 días a cada una de las cocinas comunitarias que durante la etapa de emergencia alcanzaron más de 100 espacios de alimentos gratuitos.

Según los voluntarios se repartieron más de 400 toneladas de ayuda que consistía en abarrotes y verduras que durante los dos primeros meses se entregaron tres veces a la semana y posteriormente dos veces (mares y jueves), además durante esos 120 días se repartieron 4 mil piezas de pan y 400 kilogramos diarios.

“El maestro Toledo jamás se imagino que llegaríamos a tener más de 100 cocinas comunitarias, pero se logró el objetivo de abastecerles de alimentos sanos, esta idea surgió porque aquí en Juchitán y en los pueblos zapotecas la gente está acostumbrada de comer guisos caldosos, se dotó a mucha gente, especialmente a los adultos mayores y niños, gracias al apoyo de las mujeres que son cocineras natas de ese sabor único de los pueblos”, expusieron.

En la séptima sección de Juchitán sobre la avenida Insurgentes, una de las zonas más dañadas por el terremoto, 8 mujeres guisan sin parar, a las 6:00 de la mañana comienzan su ritual para preparar el desayuno y así transcurre el día hasta entrada la noche, ellas están tristes por que la cocina llega a su fin, y reconocen que les dejó una gran enseñanza de solidaridad.

“El terremoto nos dejó muchos aprendizajes como el amor y la ayuda mutua, creo no pudo haber mejor enseñanza” aseguran las cocineras, quienes pican jitomate y cebolla mientras otras limpian el camarón, guisarán uno de los platillos típicos zapotecas “Arroz con camarón”.

Durante los 4 meses, Teresa, María, Rosalinda, María Delia, Yesenia, Iveth, Asunción y Florentina, realizaron infinidad de guisos entre ellos garnachas, mole negro oaxaqueño, enchiladas y pescado capeado con huevo y compartieron con decenas de vecinos de forma gratuita y sin cobrar un solo centavo.

“El tequio floreció” dice Teresa López Sánchez quién con un rostro de tristeza reconoce que han sido muchos meses de ayuda de “Chico Toledo” como se refiere al pintor oaxaqueño quién a través de donativos tanto nacionales como extranjeros pudo compartir este alivio alimentario con sus paisanos zapotecas.

No hubo estufas de gas y tampoco refrigeradores, mucho menos licuadoras y lujosas vajillas, todo se perdió, en cada uno de los hogares de las cocineras hubo afectaciones, algunas se les cayó la casa y otras solo están agrietadas, en todas las viviendas el terremoto afectó gravemente y la reconstrucción se ha vuelto lenta.

“Durante estos cuatro meses nos olvidamos de nuestras casas, algunas inclusive no recibimos folio pero aún así estamos contentas y felices de hacer esto, dar alimentos ha sido un gran alivio, por este apoyo no recibimos ninguna remuneración económica, al contrario lo que se ha invertido es tiempo y mucho esfuerzo pero que decimos vale la pena, el terremoto nos unió más”, dijeron.

Las mujeres en la región del Istmo, principalmente Juchitán se caracterizan por ser extraordinarias cocineras, no necesitan tomar un curso, el sazón lo han heredado de las abuelas y eso las motivó a organizarse y crear la cocina comunitaria.

En las cocinas comunitarias las mujeres prepararon los guisos tradicionales, la iniciativa del maestro Toledo es que se consumieran alimentos que están acostumbrados a disfrutar y dejar a un lado los productos enlatados.

“Aquí preparamos moles tradicionales y comida típica, principalmente ayudamos con alimentos a niños y abuelitos, cada uno traía su cubeta y ahí le servíamos, nos volvimos una enorme familia, nos relacionamos mejor con los vecinos, las cocinas nos han dejado una gran enseñanza, por que sacamos a relucir nuestras recetas”, señaló María Santiago.

En las cocinas comunitarias además de los alimentos también floreció la cultura, las mujeres privilegiaron sus enseñanzas ancestrales de sus abuelas en cuanto al sazón de la comida y usaban su lengua materna, el zapoteco para comunicarse, la música fue parte también de la resiliencia sin olvidar de la música y las tradiciones zapotecas.

 

Diana Manzo/Agencia de Noticias Istmopress

 

 

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