A un año de la tragedia en Quintana Roo, indígenas de Xadani en el desamparo de autoridades

#Xadani 20 ago (#Istmopress) .- Rosa Jiménez Guerra, indígena zapoteca de Santa María Xadani hace un año en el mes de febrero quedó viuda y desamparada de las autoridades, su hija menor de edad estuvo a punto de perder la vida por las quemaduras de tercer grado que sufrió, todavía se acuerda del olor al aceite caliente que arrojó el camión cuando chocó en la galera donde descansaban toda su familia, después de una jornada intensa en los cañaverales del estado de Chetumal, Quintana Roo.

La mujer de enagua y huipil como visten las mujeres zapotecas de esta comunidad solo se acuerda del sonido de las sirenas que llegaron al sitio y de los gritos de su hija Victoriana que eran fuertes del intenso dolor del aceite negro que cubría su cuerpo, el 65 por ciento de su piel se quemó.

En Santa María Xadani el 80 por ciento de los habitantes son jornaleros, antes se dedicaban a la pesca pero la falta de apoyo y de producto de su laguna decidieron acudir a los cultivos de caña, algunos van a Nayarit, otros a Michoacán y unos cuantos más a Quintana Roo, como la familia de Rosa y otras 30 más.

Llevaban ocho años de ir y regresar, por seis meses toda la familia se trasladaba a Quintana Roo, mientras los hombres cortaban la caña en sus jornadas superiores a las ocho horas , las mujeres elaboraban tortillas de maíz en sus hornos de leña y vendían comida, mientras sus hijos estudiaban en las escuelas para migrantes.

Pero el 15 de febrero ha sido un día crucial para Rosa y su familia, Lamberto Hernández Regalado, su esposo, fue uno de los tres xadeños que murieron por el accidente- un adulto más y un menor de edad-, a ella y la esposa del otro jornalero nunca los indemnizaron por los hechos ocurridos, tampoco a los padres del menor, como pudieron con sus ahorros y prestamos que hicieron llegaron con los cuerpos a su comunidad y aquí los enterraron.

Rosa no habla español, heredó de sus padres el zapoteco, nunca fue a la escuela y su único aprendizaje fue elaborar totopos, su abuela le enseño muy pequeña. Tuvo seis hijos con Lamberto, y solo los tres mayores hablan más o menos el castellano, su hijo , Víctor Manuel es quién se ha convertido en su aliado y quién ha acompañado a su hermana Victoriana en sus consultas a Houston, Texas.

Por las noches confiesa que llora, sus lagrimas son de dolor por la tragedia que vivió hace un año, pero también por la carencia de recursos económicos para sobrevivir, con lo que elabora totopos no es suficiente para el tratamiento de Victoriana, que cada tres o seis meses acude a los Estados Unidos de Norteamérica, que aunque recibe apoyo de 100 dólares del DIF de Chetumal y boletos de autobús de la fundación Michou y Mau, no son suficientes.

Su única alegría es que a diario la ve, que esta viva, y que aunque para sobrevivir tiene cuidados como el de no exponerse al sol, utilizar cremas y vestimenta de algodón con un alto costo, esta dispuesta a cubrirlo.

A diario, frente a su mesa de santo – un retablo de madera que en las familias zapotecas católicas utilizan para agradecer a Dios diariamente- Rosa abraza a Victoriana, le da abrazos de vida y de alegría y le agradece a Dios no habérsela llevado, siendo testigos la imagen religiosa de la Guadalupana y su esposo Lambert.

Víctor es el mayor de los hijos de Rosa, a él le ha afectado la tragedia, su padre no está más con ellos y ahora es el que encabeza a toda la familia, por tres días en camión viaja con su hermana a los Estados Unidos en donde espera este año le den de alta.

“Los primeros días de Victoriana en la escuela se rieron de ella por su aspecto, mucha gente en Xadani la ve rara pero yo la veo con ojos de amor, ha llegado llorando que no irá más a la escuela, sus hermanos la animan y le dicen que no haga caso”, expresó su hermano Víctor Manuel.

Del accidente se acuerda de todo, y lamenta que la justicia llegue a cuenta gotas para su gente y su pueblo indígena, que nunca recibieron un traductor para poder defenderse, y tampoco apoyos del gobierno de Oaxaca y municipal por los hechos ocurridos.

“La necesidad de defender a mi familia, a mi hermana y mi madre me obligaron a hablar el español, toda mi gente es indígena y amamos el zapoteco, recuerdo mucho que Richard Palacios Reyes llegó a Xadani hace unos años, él nos contrato a nombre del ingenio San Rafael de Pute, mi papá fue nombrado Cabo, pero cuando lo necesitamos simplemente se esfumó”.

Más de 500 días han pasado, su hogar sigue envuelto en el recuerdo, las horas pasan, Rosa no deja de elaborar tortillas para comer, que sí un día no las hace no tendrá un dinero extra, sus hijas e hijos la necesitan, se ha convertido en la jefa de su familia.

Diana Manzo/Corresponsal

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