Desechos de casas derrumbadas sirven de sustento familiar para damnificados

#ElEspinal 10 octubre (#Istmopress).- En pleno sol, sin importarle el polvo y las afectaciones a la piel Patricia Hernández García junto con su pequeño hijo  Axel de 9 años desde hace cuatro días no paran de buscar entre los escombros de las casas derrumbadas  por el terremoto del 7 de septiembre  los “fierros viejos” que ha falta de empleo ha sido el sustento familiar, con lo que vende ha podido comprar sus alimentos y también medicinas para sus otros dos hijos.

 

“No hay de otra, tenemos que comer y hay que buscarle” expresa  Patricia que apenas y se le nota el color de la piel por tanto polvo que ha aspirado al estar en medio de los escombros buscando el “fierro Viejo”.

 

Además de su hijo, también la acompañan su esposo Demecio Cabrera, y sus padres, quienes pasan más de cinco horas escombrando las tiras de fierro de las puertas, ventanas así como cables de cobre entre los cerros de piedras y ladrillos que los volteos tiran en un espacio baldío que sirve como acopio de los desechos de las viviendas destruidas.

 

El pago no es mucho, son 2 pesos el kilogramo, pero Patricia y su familia han colectado hasta 500 pesos por día como sustento familiar, debido a que no han podido trabajar con su empleo de venta de accesorios de acero por que sus clientes también son damnificados.

 

Originarios de El Espinal, una localidad donde también el terremoto del 7 de septiembre afectó cientos de viviendas  más entre ellas la de  Patricia.

 

El negocio de Patricia y su familia  es la venta de accesorios de acero en diversos tianguis dentro de la región del Istmo de Tehuantepec sin embargo a falta de clientes por la situación económica que se vive decidió acudir a buscar “el fierro viejo” entre los escombros de las viviendas.

 

“Venimos a las 12:00 del día y nos vamos a las 5:00 de la tarde con el sol en plenitud estamos sacando los desechos pero no hay de otra, nosotros no nos dedicábamos a esto pero lo hemos visto ahora como nuestra única forma de obtener ingreso, gracias a ello tenemos comida y medicinas, porque tengo a mis hijas que se enferman mucho”, expuso.

 

 

Desechos de celulares, lap top, licuadoras, refrigeradores, lavadoras, equipo de computo, televisión, radiograbadoras y también cables son los que más ha encontrado sin tomar en cuenta los pedazos de aluminio de ventanas y puertas.

 

Su hijo Axel de 9 años está listo esperando la llegada de los volteos, mientras van descendiendo los escombros de inmediato va sacando entre todos los pequeños residuos de fierro viejo.

 

“A veces me encuentro cables largos que vamos cortando poco a poco y otras veces hasta ropa, inclusive mi mamá encontró una cartera con 50 pesos”, expresa admirado el menor.

 

Además de Patricia y su familia, van otras tres familias, una de El Espinal y dos más de Juchitán, por más de cinco horas están juntando los pedazos hasta llenar la parte trasera del vehículo de todos los pedazos de fierro viejo.

 

En la cabina de la camioneta, las dos pequeñas hijas de Patricia esperan que el tiempo transcurra, una de cinco y la otra de tres años de edad, mientras ven como sus papás, su hermano y sus abuelos colectan todo lo que pueden.

 

La familia de Patricia solicitó el permiso a los dueños del lugar quienes le permitieron el ingreso para poder colectar los desechos y con ello poder tener un ingreso ante la falta de ventas de su negocio de acero.

 

“Pedimos permiso  para levantar los escombros y nos lo dieron , desde hace cuatro días venimos diario, ahora no hay clases por eso  traemos a mis hijos , nos da miedo dejarlos por las replicas  sísmicas aún continúan y se siente feo, mi hija me dice que nos llenamos de polvo pero no hay de otra, con esto que colectamos estamos sobreviviendo”, dijo.

 

Una vez llenado la parte trasera de la camioneta, trasladan los fierros viejos con una persona que los compra en la ciudad de Juchitán y que les paga 2 pesos el kilogramo.

 

“No es mucho lo que nos dan pero algo es algo, a veces llegamos a vender hasta 800 pesos  y eso es bueno, somos cuatro adultos prácticamente los que juntamos todos los desechos, mi pequeño hijo solo lo toma como un pasatiempo, él se admira de ver todo lo que el terremoto derrumbó, todos los desechos en que se han convertido nuestras casas”, recalcó.

 

Patricia y su familia piensan seguir con esta colecta porque su venta de accesorios de acero aún no se regulariza, falta mucho todavía para que sus clientes se repongan de la desgracia, mientras tanto todos los días mientras haya “fierro viejo” estarán en el terreno baldío unas cinco horas mínimas que les ha servido para comer ante esta desgracia por el terremoto.

 

Diana Manzo/Agencia de Noticias Istmopress

 

 

 

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