Convierten un bar en aula para clases de niños damnificados

#Juchitán 03 noviembre (#Istmopress).- Minutos antes del 8 de septiembre, el restaurante Bar “CocoBongo” atendía a sus clientes pero de repente un movimiento telúrico, un fuerte terremoto, hizo que la mitad de este establecimiento se viniera abajo, cayeron sus muros y paredes, pero hace un mes este espacio volvió a tener vida, por las mañanas de 8 a 12 del día es una escuela y a partir de las 2 de la tarde vuelve a convertirse en un espacio de entretenimiento familiar.

Delmi Roseli Trejo Paz y Carlos Antonio López Antonio son los dueños del restaurante bar ubicado en la Avenida Juárez de la Ciudad de Juchitán, son damnificados del terremoto del 7 de septiembre y son padres de familia, hacer de su espacio de trabajo una escuela ha sido la mejor forma de solidarizarse con los suyos.

Coco Bongo nació en el mes de mayo pasado como un espacio de entretenimiento familiar, en ese entonces los dueños “Delmi Roseli y Carlos Antonio” solo pensaban en “vender” y obtener ganancias, el terremoto los concientizó que la vida más allá del dinero y ahora su bar es un espacio de aprendizaje para los niños de su comunidad.

La idea surgió porque al caminar por las calles de Juchitán observaron que los menores al no ir a la escuela debido a que los inmuebles sufrieron afectaciones jugaban entre los escombros de las viviendas colapsadas, en la lluvia y debajo de los refugios que sus padres habilitaron.

Ante estas circunstancias, Delmi Roseli solicitó a través de la red social Facebook la ayuda de profesionales que apoyaran el proyecto y encontró a la psicóloga Evelyn Carrasco quién además de conocimientos en el área de conducta es maestra, por lo que a diario brinda atención a los 35 menores entre los 3 y 12 años de edad que acuden a Coco Bongo Bar.

Además de la psicóloga que brinda conocimientos en el área de español, matemáticas y ciencias, los alumnos toman clases de zapoteco a cargo del maestro Vicente Marcial, de Inglés impartido por el maestro Rey David Luna, y de artes con el pintor Delfino Marcial.

La puerta del bar se abre al cuarto para las 8:00 de la mañana y comienzan a llegar los primeros estudiantes y se sientan conforme a su grado de estudios, los de primaria del lado derecho y preescolar izquierdo.

En el frigobar del bar se monta el pequeño pizarrón de vinil en donde los maestros colocan sus anotaciones, los niños se han acostumbrado a ocupar este espacio que a su alrededor tiene una mesa de billar y también una rokola que se habilita como karoke para los que lo visitan por la tarde.

Para los padres de familia ha sido un alivio este espacio para que sus hijos tomen clases, porque ahora ven más animados y menos asustados a los menores, la mayoría se ha olvidado de preguntar sobre un terremoto, al contario se han ocupado en realizar sus tareas o trabajos de arte que les dejan.

“Los niños han cambiado mucho, mis dos hijos ahora están más activos, se levantan por las mañanas con más ánimos, en las cuatro horas y media que van a clases se sienten aliviados, nada tensos y nosotros como padres igual, ha sido una bendición que este espacio se haya habilitado, gracias a Delmi y Carlos”, expresaron los padres de familia.

Los niños que asisten a tomar clases pagan 10 pesos por clases como forma de ayuda a la psicóloga, el resto de los maestros brinda su servicio totalmente gratuito.

La sociedad civil también se ha unido a esta iniciativa del matrimonio de Delmi Roseli y Carlos Antonio y les han obsequiado alimentos para otorgar desayunos y comida a los menores que asisten a clases, a las 9:00 de la mañana se sirve la merienda y al medio día la comida.

Y aunque los alimentos parecen escasearse, eso no impide que los impulsores del proyecto sigan privilegiando las clases en su espacio, los apoyos han disminuido pero no pierden la esperanza y la fe que la gente de la sociedad civil se siga solidarizando con los alimentos.

“Entre vecinos nos donan alimentos desde sopas hasta atún y frijol, ahora se ha escaseado pero seguimos con nuestros propios recursos, nos hemos encariñado mucho con los niños y cuando regresen a clases y si los padres quieren tenemos la idea de seguir reuniéndolos para que refuercen los conocimientos”, dijo Delmi Roseli, dueña del bar familiar.

A las 12:00 horas llaman a la puerta y son los padres de familia, es la hora de la salida, los niños se van y minutos después el bar abre sus puertas para que comience la diversión.

 

 

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