Ímpetu / por Daniel Aguilar

Deambulo como espectador en la antagonista principal que se autonombra suerte. Sin embargo, no cesa mi angustia por llevar tus labios a un mejor puerto. Estoy cansado y somnoliento, esperanzado y enloqueciendo. Cada visión de mi nuevo yo se construye con tu figura; incluso mi mente vive ahora en continua revolución. He sido exiliado de mi propia calma para intentar refugiarme como una joya en el tono semilunar de tu corazón. Debemos derribar los signos de interrogación que se interponen entre nosotros… Sin reglas ni imposiciones, con locuras y repuntes de emoción; la vida es creación cuando compartimos las tardes. Sé que la tinta no tiene límites cuando se trata de nosotros. He visto la noche más afortunada, mientras la luna decide no peinarse para engalanarnos. ¿Cuántas letras necesito para apresurar la distancia? ¿Cuántos silencios debo pronunciar para invocarte? En sueños sigo la tierra de los elfos, donde viví fuera de órbita, pero disfrutando la felicidad de otros. A veces imaginé tu rostro, ahí frente a la pasión joven. ¿Qué era entonces mi aventura? ¿Qué era entonces mi locura? En plena lluvia decembrina, permanecemos juntos en un solo lienzo.

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