De Suiza a Juchitán para apoyar el arte llegó Heinz

JUCHITÁN 4 Ago (istmopress) – Fue en un encuentro con la fotografía en su natal Suiza allá por el 2009, en los pasillos de una galería, cuando imágenes  de la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide, lo hicieron detenerse,  Heinz Schaub no pudo dejar de contemplar los rastros y rostros plasmados sobre papel en tonalidad blanco y negro que representaban a la cultura zapoteca de Juchitán.

Imágenes de una mujer cargando iguanas sobre la cabeza, otras más danzando, pero sin duda el que más lo conquistó, fue la fotografía de  un homosexual (muxe en zapoteco) vestido de quinceañera detenido sobre una pared, mientras en la hamaca  de su casa, su madre, una mujer de cabellos de color gris  observándolo.

Fueros estas realidades hechas  imágenes  que cautivaron al suizo y las reafirmó durante su primera visita en el 2011, sin embargo en el pasado mes de febrer , en su segunda  visita, recorriendo las calles de Juchitán, vio una casa en venta, no dudo y la compró y hace menos de quince días, el 18 de Julio,  inauguró una Galería llamada “El ocote” y también un estudio de grabación, librería y cafetería comunitaria.

En Juchitán, existen “contados” lugares  que fungen como espacios para cultivar y promover el arte;  La Casa de la Cultura de Juchitán, el foro ecológico, el bar jardín, la galería del pintor López Tayán, Espacio G,  La Galería Graciela Iturbide  ubicada en el Centro Cultural Herón Ríos, y la recién inaugurada El ocote.

Heinz con la delgadez de su  cuerpo pero de gran movilidad, sube y baja de su casa, un espacio que en la parte baja aguarda una librería con textos de Carlos Fuentes, García Lorca,  Traven, fotógrafos como Antonio Turok y Graciela Iturbide además de juegos de mesa y sin omitir su cafetera, en donde ofrece su bebida favorita, el café express o para los ligeros, el café con leche.

Su enorme patio  arropa un enorme árbol de mango, quién con sus brazos rudos y escamosos  y llenos de hojas verdes, cubre mesas y sillas para que los visitantes puedan disfrutar de una lectura mientras degustan un café.

Claro está que la cocina y la gastronomía juchiteca también está presente, Heinz construyó una réplica diminuta de un horno de leña, en donde disfruta del pescado horneado, platillo típico del pueblo  zapoteca.

Subiendo las escaleras y de inmediato aparece el estudio de grabación, es difícil no poder detenerse, pues dentro de ella, jóvenes disfrutan hacer música, se pasan horas e inclusive madrugadas grabando, algunos en su lengua materna como los Juchirap (jóvenes que hacen rap en lengua indígena) y otros creando temas.

A un lado, la Galería el ocote, que arropa actualmente a un grupo  de fotógrafos  mostrando una miscelánea de vivencias plasmadas en papel.

Heinz es médico pediatra, tiene  61  años de edad, dos hijas y es abuelo. En su natal suiza atiende a niños y niñas y junto con amigas psicólogas crearon una clínica integral de atención infantil.

En sus ratos libres gusta de visitar galerías y muestras de arte, a los 55 años, decidió dar un giro a su vida y hacer algo por su pasión y montó un espacio como el que ahora comparte a los juchitecos.

“Años antes de conocer Juchitán, me refugié en la selva chiapaneca, mi intención era y ha sido compartir de cerca con la naturaleza, con el medio ambiente, con los animales, estar cerca de las materias primas y poder disfrutar de enormes maravillas de este planeta, sin embargo por algunas diferencias decidió abandonar el sitio y buscar un nuevo horizonte que hoy es este bello sitio”, señaló.

En Chiapas, dentro de la selva, Heinz descubre la palabra “El ocote”, y se lo adjudica, debido a que en este sitio uno de los habitantes de aquella enclavada  localidad chiapaneca, se   le explica que el ocote, es un pedazo de madera que enciende el fuego  y hace que permanezca hasta que se desee.

“El ocote arde y contagia, por eso la galería la llame de ese modo, para que contagie el gusto por el arte a chicos y grandes, es un espacio cultural que tiene la finalidad de mostrar el arte a través de la fotografía, la música, la pintura, el video y la literatura”, resaltó.

La música jarana es una de sus consentidas, y confirma que ha fusionado ese gusto con  la tradicional del pueblo indígena de Juchitán, quien a través de sus costumbres y tradiciones lo tienen enviciado en este sitio.

“Me enamoré de Juchitán y de su cultura, entonces decidí dejar algo relevante para este pueblo, no espero los reconocimientos, simplemente poder contribuir, en este espacio hay lectura, creación musical y sobre todo cooperación social y humana, aspecto que considero muy relevante”, indicó.

El fin de semana, como parte de esta aportación cultural, Heinz promovió un cúmulo de ritmos, entre jaraneros “Los quebrantahuesos” y los “Juchirap”, ambos grupos son versadores, los primeros en español y los otros en lengua materna, el zapoteco.

Previo a la presentación, los jaraneros encabezaron un taller denominado “Buscapie” en donde mostraron un aprendizaje integral de la Jarana además del fandango que incluyó la versada y el baile encima de una tarima.

Fabiola, Citlaly, Luis y Omar, son un cuarteto que se conocieron por los sonidos de la jarana, fusionaron y han recorrido muchos espacios presentando el jaranero y sobre todo creando controversia con sus temas y modos de hacer música.

“Tenemos entre 17 y 27 años, Heinz nos conoció y nos invitó a impartir un taller, con gusto lo llevamos a cabo, posteriormente nos dijo que presentaremos lo que sabemos en compañía de unos chavos llamados Juchirap, de esta fusión se lograron muchas cosas interesantes, gustó a los asistentes y creo que vamos avanzando con certeza”, relataron.

El objetivo de los jaraneros “Quebrantahuesos” es la preservación del sonido y la propuesta de nuevos temas con la intención de crear mucha controversia.

La noche llegó y con ello los asistentes, por un lado los jaraneros totalmente listos con sus jaranas y sus versadas, que contagiaban entre el público el movimiento de pies y cuerpo y por otro lado los Juchirap:  Carlos Lenin, Cosijopi y Antonio Guadalupe vestidos de pantalón holgado, camisa con estampas y texto y gorra algunos colocados de lado, de frente y al revés.

Dos de los integrantes de Juchirap son originarios de Juchitán y uno de la capital de Oaxaca, al encontrar similitud de ideas se juntan con el objetivo de crear música en torno a la situación social y personal que sienten y viven.

“Cuando descubrimos que con nuestro zapoteco podrimos “rematar” como lo hacen los raperos o hacer las canciones más chuscas y lúdicas, dimos el siguiente paso  de formarnos y decirlo en público, y ahora se nos facilita aún más”, dijeron.

Para los juchirap subir a un escenario es tener los nervios de punta, a pesar de sus infinidades de presentaciones, no se acostumbran pero lo más curioso es que juegan con los temas sociales que se hablan en la ciudad, como es el tema eólico, violencia, vicios y hasta la preservación del zapoteco, como lengua indígena de sus padres y abuelos.

Entre los próximos proyectos de Hainz  por iniciativa de un colectivo de jóvenes juchitecos encabezados por Michell Pineda, es el de crear la lectura móvil en mototaxi bajo el nombre de  “Nomada” y llegar a los rincones de colonias y secciones de toda la ciudad zapoteca para contagiar a chicos y grandes el amor por los textos en zapoteco y español.

Con información de DIANA MANZO/CORRESPONSAL

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