Complementos / por Daniel Aguilar

A unos días de mi eterna aventura; ante el deseo más certero; bajo la cúpula que resguarda el amor prohibido; con la ayuda del Dios ilógico y coqueto; contra corriente del exceso utópico que cambiará mi desdicha; de puño y letra para hacerte pensar cosas cursis; desde mi divino tesoro que me acompaña; hasta besarte en tiempo real; hacia erradicar el puerto abismal que nos separa; para protagonizar un sueño contigo; por si la vida me es arrebatada; sin nada que perder; sobre tu alma dulce y mi alma azucarada; según el río que nos sumerge en la misma historia; en una ruidosa noche sabor a lluvia; entre los meses que me ubican como un adicto a tu primavera, y tras la insospechada conclusión que recitan nuestros nombres: las palabras enmudecen,  se ruborizan y nos muestran que no son tan importantes. Me perdí en las estrellas que cuelgan de tus mejillas con la debida intención de coronarte como mi flor eterna.

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